Antecedentes
Diversas organizaciones de la sociedad civil, académicos y líderes de opinión han mantenido la lupa sobre puntuales procesos de designación públicas, debido a ser pertenecientes al interés público. Distando de los nombramientos de cualquier otro funcionario, las designaciones públicas se concentran en aquellos cargos públicos titulares de instituciones con autonomía parcial o total frente al Poder Ejecutivo Federal —como lo son Organismos Autónomos, Organismos Públicos Descentralizados y el Poder Judicial de la Federación—.
En nuestro país, el colectivo Designaciones Públicas, integrado por las organizaciones Fundar y Artículo 19, ha sido pionero en la materia. Iniciando su labor en 2012, con motivo del proceso de designación de Ministro de la Suprema Corte, ocurrido el mismo año. Desde entonces, han mantenido un monitoreo constante en las designaciones públicas del orden Federal, al igual que en algunas designaciones del orden estatal. Su credibilidad se ha mantenido desde entonces, producto de la imparcialidad de su labor.
Ha destacado el seguimiento a los procesos de designación de Ministros de la SCJN, comisionados de institutos de transparencia y acceso a la información locales, así como de comisionados y consejeros de organismos autónomos. Tal es el caso del Instituto Federal de Telecomunicaciones, la Comisión Federal de Competencia Económica y la Comisión Reguladora de Energía. Además, han llevado a cabo propuestas para ajustar las convocatorias para algunos de estos procesos, a fin de fortalecer la selección de candidatos en pro de su competencia para el puesto.
Reconocemos la labor del colectivo Designaciones Públicas, al realizar una tarea más que necesaria en la búsqueda de una administración pública conformada por perfiles profesionales y capaces. Sin embargo, nos resulta evidente que la amplitud de la administración pública en México es tal, que no todas las designaciones han podido ser abordadas por su estructura, especialmente las concernientes al orden local. Es por la motivación que comparten con nuestra organización, que buscamos complementar el trabajo de Designaciones Públicas y demás organizaciones de carácter similar desde nuestros espacios de actuación, fijando la lupa a nivel local, además de mantenernos presentes en las designaciones de mayor relevancia a nivel nacional.
Si bien podríamos dar por hecho que la participación ciudadana en los procesos de designaciones públicas tiene cabida en la deliberación legislativa que forma parte de su desarrollo, como una Organización Anticorrupción le quedaríamos a deber a la ciudadanía. Son estos estos espacios, donde se goza de autonomía de acción respecto al Poder Ejecutivo, lugares idóneos para el desarrollo de diversos actos de corrupción que pueden resultar sumamente dañinos para la población. Eso no significa que un perfil calificado sea inmune a la corrupción, pero sin duda es más propenso a corromperse quien llega a un puesto de poder mediante el otorgamiento de favores.
Sostenemos lo anterior mediante los hechos. Uno de los ejemplos más claros es el del ahora exministro de la Suprema Corte, Eduardo Medina Mora. Debido a sus más próximos antecedentes diplomáticos, junto a su trayectoria en seguridad pública, no parecía ser el candidato ideal para llegar al máximo tribunal de nuestro país. Sin embargo, sus lazos políticos lo apuntalaron para cubrir la vacante disponible en aquel entonces. Luego de varios años, conocemos de su participación en sobornos y tráfico de influencias, con lo cual permitió que la corrupción se colara en el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Evitar desastres de tal envergadura es uno de los principales motivos que tenemos para optar por designaciones basadas en el mérito, y no así en el poder político.