Crónica de un Estado feminicida
La suma de la incompetencia de nuestras autoridades, de un sistema de justicia podrido y desinteresado, de la impunidad rampante y de un machismo impregnado en nuestra nación, ha dado como resultado decenas de feminicidios que pudieron haberse evitado.
Por Esperanza Negrete Morales
La violencia doméstica como una epidemia
Uno de los delitos con mayor incidencia en nuestro país es la violencia familiar. Entre enero y abril del 2019, que es un período de solo cuatro meses, se registraron 60,834 carpetas de investigación por este delito, o sea, un promedio de 506 por día, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
Pero, ¿qué es la violencia familiar?
La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) nos dice que es un acto de poder u omisión intencional dirigido a dominar, someter, controlar o agredir física, verbal, psicoemocional o sexualmente a cualquier integrante de la familia. Mujeres, niñas y niños son las personas más vulnerables y propensas a ser víctimas de estas agresiones.
“El abuso puede ser psicológico, físico, económico, sexual y también patrimonial”, de acuerdo con la psicóloga Adriana Ayala Alonso en entrevista para nuestra organización.
¿Quién es el victimario?
El padre de familia, esposo o pareja es quien ejerce este tipo de violencia multidimensional que va de la mano con el machismo y su papel arraigado dentro de nuestros hogares. Un machismo que aún en 2020 sigue vigente, arrebatando la vida de nuestras mujeres todos los días.
De acuerdo con Carmen Lugo, directora de la destacada revista FEM, “el peso del machismo en la sociedad mexicana es inherente a la marginalidad, el menosprecio a la mujer, la discriminación racial y el ejercer la violencia contra las minorías y contra la población femenina y la paternidad irresponsable”.
¿Cómo y qué es el machismo en México?
Es la devaluación de la mujer en contraste con la virilidad y fuerza bruta del hombre. Es el encumbramiento de la condición masculina que sobrevive con muestras de violencia en menoscabo del sexo femenino. Según la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (Conavim), es el conjunto de actitudes y comportamientos que violentan injustamente la dignidad de la mujer en comparación con el varón.
Este estereotipo de “macho mexicano” normaliza y justifica socialmente las agresiones contra las mujeres, y por años ha sido la forma de vida de las familias mexicanas, incluso consentida e impuesta por las matriarcas del hogar.
¿Qué tan arraigado sigue el machismo en nuestro país en el 2020?
“Fuertemente arraigado, aún deberán pasar muchos años para deconstruir estas ideas, conductas, aprendizajes patriarcales y machistas que existen en México, primero habría que reconocer y no naturalizar su existencia. Considero que si se sigue naturalizando, difícilmente podrá erradicarse. Es tan claro que hoy sigue existiendo, pues aunque hay leyes, estas no cumplen con un ejercicio pleno de defensa en su totalidad hacia las mujeres víctimas de violencia”, señaló la psicóloga.
Asimismo, aseguró que esta violencia deja graves secuelas en las mujeres, y las consecuencias psicológicas de quienes viven esta situación son: entre otras, baja autoestima, problemas de identidad, autoimagen distorsionada, sentimientos de culpa, miedo, aislamiento emocional, dificultad para expresar emociones, autoconcepto pobre, trastornos como estrés postraumático y de ansiedad, depresión, síndrome de adaptación paradójica y síndrome de Estocolmo.
¿Por qué algunas mujeres no denuncian a su agresor?
Según Ayala Alonso, “en mi experiencia puedo decir que el primer motivo que las lleva a no realizar una denuncia es el miedo, la persona que ejerce la violencia llega al extremo de atemorizarlas tanto que el miedo las paraliza, y a esto se suma el síndrome de la indefensión aprendida, el cual consiste en hacer creer a las mujeres que hagan lo que hagan no habrá una salida a su situación de violencia. Otro impedimento para denunciar es que tienen hijos e hijas y no quieren ‘quitarles’ la figura paterna, o que no trabajan (porque su pareja se los impide), no cuentan con ninguna red de apoyo (familiar o social), o las propias autoridades, cuando ellas van a denunciar, las revictimizan, haciéndolas sentir culpables por la violencia que están viviendo”.
En una entrevista para El Universal, la extitular del Conavim, Alejandra Negrete Morayta, declaró que “el tema de violencia contra la mujer está tan arraigado en la cultura en México, tan arraigado en la sociedad, que muchas veces parece totalmente normalizado, que lo podemos ver en muchos casos que se vuelven emblemáticos, que inmediatamente las reacciones son terribles, justifican la violencia, la caricaturizan, discriminan; siempre que se trata de mujeres hay comentarios sexuales, siempre tiene algún contenido discriminatorio y esto va generando, en el imaginario colectivo, poder justificar la violencia contra la mujer”.
Las mujeres mexicanas son la otredad en contraposición del hombre, según ha sido su figura en la historia, que se ha concentrado en reducir a la mujer a un objeto sexual que pertenece a su pareja, y eso es algo totalmente legitimado en México. Las mujeres han sido restringidas a seres meramente carnales que deben cumplir su función supeditadas en pos de la satisfacción del hombre; la hipersexualización femenina es el símil de una pasarela en la que los hombres califican y categorizan a las mujeres en “cuerpo apto para placeres carnales” o “cuerpo no apto para placeres carnales”, segregándolas. Y esta cosificación de la mujer nos habla de que en la estructura social, los hombres son los dueños del cuerpo de “su mujer”, y por lo tanto pueden decidir cuándo es que ya no sirven o ya no lo requieren.
Así, podemos visualizar que cuando se desprende en redes sociales una noticia más sobre algún feminicidio, hay cientos de comentarios que culpan a la víctima. De los más notables que encontramos son:
– Seguro lo provocó.
– Seguramente lo engañó con otro.
– Lo hizo enojar.
– Se lo merecía.
– Algo habrá hecho.
– Por algo la mataron.
Estas mujeres, aún muertas, están sujetas al escrutinio público, mientras que el perpetrador puede fácilmente pagar una fianza y tener su libertad impoluta, como fue el caso del asesino de Paulina Elizabeth Luján Morales, quien fue sentenciado a 60 años de cárcel, pero solo cumplió 11 años en prisión y fue liberado por un juez por “buena conducta”.
Esto nos indica que aparte de la vejación y las violentaciones a las que fueron sometidas, aún deben pasar una segunda violencia sistemática a partir del menosprecio de las autoridades, de los medios de comunicación amarillistas que muestran los cuerpos desnudos y vulnerados sin respeto alguno, además de las burlas, la revictimización y el antagonismo de los usuarios de las redes sociales que señala y culpa.
La lucha feminista tiene años exigiendo que se visibilicen los feminicidios para hacer evidente esta problemática, y así buscar formas de erradicarlos con acciones directas, protestas, diálogos, mesas de debate, conferencias y, desde luego, desde la cúpula del poder donde algunas mujeres buscan modificar o crear iniciativas de políticas públicas adecuadas para que el Estado cuide a las ciudadanas.
Uno de los casos más aberrantes, consecuencia de este deterioro social, es el de una menor de edad de Tabasco que asesinó a su papá, harta de la violencia que este ejercía contra ella. Ahora la menor deberá vivir con esa carga por el resto de su vida, sin que haya sido su culpa el infierno por el que le hizo pasar su padre, quien en lugar de violentarla debió cuidarla y protegerla.
*Imagen tomada de Internet
El feminicidio como el pináculo de una cadena de violencia
¿Cómo distinguir un feminicidio de un homicidio?
El Código Penal Federal expone que las razones de género aparecen cuando:
– La víctima presenta signos de violencia sexual.
– Se le haya infligido lesiones o mutilaciones degradantes.
– Existan antecedentes de violencia familiar, laboral o escolar del sujeto activo contra la víctima.
– Haya existido entre el activo y la victima una relación sentimental, afectiva o de confianza.
– Existan datos de amenazas, acoso o lesiones.
– Se le haya incomunicado o se le haya exhibido en un lugar público.
¿Por qué es importante tipificar este delito como feminicidio y no como homicidio?
De acuerdo con la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH), “tipificar el feminicidio como un delito autónomo permite considerar los elementos que pueden configurarlo, entendido según la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) como el >, y que lo diferencian de los homicidios dolosos.
El feminicidio es un delito pluriofensivo, ya que afecta diversos bienes jurídicos; no solo atenta contra la vida de las mujeres, sino que se vulneran otros derechos como la dignidad, la libertad, la seguridad y sobre todo la igualdad y la no discriminación, pues la naturaleza de esta conducta es motivada por el género de las víctimas.
Por esta razón, la tipificación del feminicidio encuentra sustento en el plus de injusto o mayor antijuricidad, ya que esta conducta
constituye además una expresión de la desigualdad, la discriminación y el abuso de poder en contra de las mujeres”.
El feminicidio cometido por la pareja o expareja es la cúspide de una serie de violentaciones hacia la víctima. Es la manifestación más extrema de abuso del hombre hacia la mujer.
¿A qué se refiere el término?
Considerada como la autora del término <> dentro de la demarcación política, la activista sudafricana Diana Russell, en su libro Femicide. The politics of woman killing, enlista, como principales motivaciones para estos asesinatos, los celos, el odio y la ira.
Siempre que esta praxis de terrorismo antifemenino concluya en un asesinato, automáticamente se convierte en feminicidio.
El origen de este odio que se convierte en crimen, según Russell, tiene varias vertientes, como la misoginia, la inmortalidad de la supremacía masculina y el paradigma de que las mujeres son <>.
Russell, junto con Jane Caputi, pionera del análisis del feminicidio, crearon un concepto político que permite visibilizar la posición de subordinación, desigualdad, marginalidad y riesgo en la que se encuentran las mujeres por ser mujeres, lo que enmarca al machismo y al patriarcado como promotores de violencia.
Dentro de sus grandes aportes, Russell y Caputi señalaron que la raíz de los asesinatos por raza, nacionalidad, religión, origen étnico u orientación sexual, es el mismo por el que se asesinan a las mujeres, lo que determina que el feminicidio es un crimen de odio.
No fue sino hasta el 2014 que la Real Academia Española aceptó incluir el término en su diccionario, definiéndolo como el “asesinato de una mujer a manos de un hombre por machismo o misoginia”, lo que visibiliza un poco más este delito, puesto que ya no es usado solamente por asociaciones u organizaciones feministas, sino que está en el lenguaje de cualquier persona afiliada o no a esta lucha.
En 2011 se aprobaron reformas a los códigos Penal y al de Procedimientos Penales, así como a la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, con lo que se tipificó como feminicidio el privar de la vida a una mujer por razones de género, lo que se castiga con hasta 60 años de prisión.
Sin embargo, los pocos avances en materia de impartición y procuración de justicia a nivel federal, legislativo y judicial se vuelven obsoletos cuando los esfuerzos en los sistemas locales no se reflectan a causa de obstáculos estructurales, ausencia de herramientas indispensables, falta de personal, servidores públicos no capacitados y escasos recursos destinados a la causa, lo que al final genera un repudio natural a nuestro sistema judicial por el clima de impunidad casi absoluto.
“Aún habría que modificar mucho de esas leyes que ‘defienden’ a las mujeres; en la mayoría de los casos la justicia no se ejerce con prontitud para ellas y quedan expuestas cuando deciden realizar una denuncia, porque los mecanismos de protección no son prontos ni expeditos”, aseguró Ayala Alonso.
*Mapa de feminicidios de María Salguero
Datos duros
– De 2015 a noviembre del 2019, suman 3,578 feminicidios a nivel nacional, según cifras del SESNSP.
– Hasta abril del año pasado, nuestro país tenía 19 alertas de violencia de género contra las mujeres (AVGM), sin embargo, estas no cuentan con un mecanismo de seguimiento adecuado, por lo que es imposible evaluar el cumplimiento de las recomendaciones emitidas por la Conavim, además, hay opacidad y nula transparencia en cuanto al empleo real de los recursos que se le destinaron a las AVGM1.
– De acuerdo con la agencia AFP, en promedio, en México se asesinan a 10 mujeres cada día, lo que nos hace el país de América Latina más feminicida, porque estamos en un lugar donde no es fácil acceder a la justicia, sobre todo si no se tienen los medios económicos para evitar ser desdeñados , desestimados y anulados.
– Una de las atroces consecuencias que no está visibilizada plenamente es la orfandad en la que quedan los niños que pierden a su madre. En el 2019 hubo un aproximado de 3 mil 400 menores huérfanos, según la titular de la Dirección para una Vida Libre de Violencia del Instituto Nacional de las Mujeres, Fabiola Alanís Sámano.
– De acuerdo con la ONU Mujeres en México, los presupuestos públicos son un instrumento de política económica y social que refleja las prioridades de los Estados en relación con el bienestar de la población y el desarrollo del país, así como su compromiso con los derechos humanos. En este sentido, la forma en la cual se distribuyen los recursos presupuestales juega un importante papel para crear condiciones favorables para remediar y compensar las desigualdad de género, empero, no se ha destinado lo suficiente a la tarea de la erradicación de la violencia de género. Por ejemplo, el año pasado se anunció que los refugios para mujeres que viven violencia extrema no recibirán subsidios del gobierno para la prestación de servicios, así como recortes millonarios al presupuesto de seguridad pública por parte de la administración actual.
– Según cifras del SESNSP, en los últimos cuatro años los feminicidios han aumentado 111 por ciento, siendo Veracruz la entidad que más se destaca por ello.
De todo este universo, sin embargo, hay una serie de delitos de esta índole que pudieron haberse evitado si las autoridades hubieran trabajado con más ímpetu para proteger a las víctimas. Mujeres que interpusieron una denuncia tras otra por violencia doméstica por parte de sus parejas o exparejas, y que fueron ignoradas y desatendidas por el Estado que debía protegerlas.
Algunos de los casos más mediáticos en México han sido:
Julieta, encontraron su cuerpo el 24 de agosto del 2015
Kenny Finol, una joven venezolana que residía en México, fue hallada con el rostro desfigurado con ácido tras haber sido violada, torturada y asesinada.
Cuatro meses antes había denunciado a su entonces pareja, Brayan Mauricio ‘N’, presunto líder del grupo delictivo ‘La unión de Tepito’, por una golpiza que le propinó a punta de machete y pistola, según sus declaraciones.
Finol, de tan solo 26 años, reveló también amenazas de muerte en varios vídeos que difundió en las redes sociales en octubre del 2017.
Kenny, encontraron su cuerpo el 25 de febrero del 2018
Kenny Finol, una joven venezolana que residía en México, fue hallada con el rostro desfigurado con ácido tras haber sido violada, torturada y asesinada.
Cuatro meses antes había denunciado a su entonces pareja, Brayan Mauricio ‘N’, presunto líder del grupo delictivo ‘La unión de Tepito’, por una golpiza que le propinó a punta de machete y pistola, según sus declaraciones.
Finol, de tan solo 26 años, reveló también amenazas de muerte en varios vídeos que difundió en las redes sociales en octubre del 2017.
Vanesa, asesinada el 25 de abril del 2019
Vanesa Gaytán Ochoa, de 25 años de edad, pidió auxilio 16 veces antes de que su esposo la atropellara y apuñalara frente a la casa de Gobierno de Jalisco, pero no se le dio un seguimiento adecuado a sus denuncias.
Asesinada un 25 de abril, Vanesa no recibió, por parte del Estado, medidas de protección efectivas, lo que abonó al peligro que ya corría y que terminó matándola.
La CEDH de la entidad donde fue ultimada solicitó a las autoridades estatales que se llevaran a cabo procesos de responsabilidad administrativa en contra de 12 funcionarios públicos por las negligencias cometidas, porque aunque existían tres órdenes de protección, no fueron eficaces ni adecuadas para la situación que estaba viviendo Vanesa.
Connie, asesinada el 27 de agosto del 2019
Connie Janeth Beltrán Domínguez corrió con la misma suerte. A pesar de haber denunciado por violencia doméstica a su pareja 15 veces ante el Ministerio Público, al final fue asesinada por él, quien además se fugó raptando a la hija menor de ambos.
Connie, con apenas 27 años, tuvo una muerte horrible, José Angel ‘N’ la estranguló y golpeó hasta quitarle la vida en Nuevo León. La familia de la víctima asegura que durante mucho tiempo estuvo amenazada para que no se separara de él.
En referencia a este caso, la actual titular del Conavim, Candelaria Ochoa Ávalos, reconoció que las autoridades no atienden a las víctimas como es debido.
Abril, asesinada el 25 de noviembre del 2019
Abril Cecilia Pérez Sagaón, de 49 años de edad, denunció a su esposo, ex CEO de Amazon México y exdirector de Grupo Elektra, en enero de 2019, por lo que la Procuraduría abrió una carpeta de investigación en su contra y posteriormente fue procesado y encarcelado por tentativa de homicidio.
Sin embargo, el juez que llevaba el caso cambió el delito a violencia doméstica agravada, lo que ocasionó que Juan Carlos ‘N’ saliera del reclusorio y le quitara la vida a Abril enfrente de sus hijos.
El pasado 25 de noviembre de 2019, camino al aeropuerto con sus dos hijos menores de edad, una moto se acercó al vehículo en el que viajaban y le dispararon a Abril hasta terminar con su vida.
Jacqueline , asesinada el 09 de diciembre del 2019
Jacqueline Alva Cuello, de 20 años de edad, y sus dos hijas, de cuatro y un año de edad, fueron asesinadas en el Estado de México.
Este triple feminicidio se registró en la casa de su expareja donde Jaqueline perdió la vida luego de ser estrangulada y cortarla con un esmeril.
Unos meses antes había levantado un acta informativa por las agresiones y violencia doméstica que sufrían ella y sus dos hijas, sin embargo, nada ocurrió.
Sonia, asesinada el 09 de diciembre del 2019
La maestra de danza Sonia Pérez Rodea, de 40 años de edad, fue encontrada muerta al interior de su hogar en Toluca, en el Estado de México.
De acuerdo con las primeras investigaciones, la mujer había denunciado violencia doméstica. Su exesposo, identificado como Edgar Rafael ‘N’, declaró ser responsable del crimen y confesó haber asfixiado con sus propias manos a la catedrática y bailarina.
El caso de Sonia trascendió en la comunidad de la UAEM, donde daba clases, pues ella ya había denunciado a su expareja por ser una persona violenta, e incluso interpuso una orden de restricción que al final no la protegió.
Ingrid, asesinada el 09 de febrero del 2020
Ingrid Esacamilla Vargas, de 25 años de edad, denunció ante la Fiscalía de los Juzgados de lo Familiar, las agresiones por parte de quien fuera su pareja, Francisco ‘N’.
A pesar de la denuncia, su pareja terminó con su vida al acuchillarla en un arranque de celos para después intentar deshacerse de sus restos en varias bolsas, una de ellas localizada en los alrededores del domicilio.
Indra, sobreviviente
Indra Segovia Ronzón, de 24 años, es una sobreviviente de violencia doméstica que ejerció contra ella su expareja. Actualmente tiene denuncias interpuestas en contra de su agresor, sin embargo, no ha sido atendida debidamente, por lo que es una potencial víctima de feminicidio que vive con el miedo de que la asesinen.
Determinaciones
“Nos toca continuar educándonos respecto a los derechos humanos; nos toca también reflexionar y educarnos respecto a los que implica el derecho a una vida libre de violencia”, acota Araceli González Saavedra, directora de Equifonía en entrevista con nuestra organización. Asegura que este planteamiento no se había hecho sino hasta el 2005, con la Ley de Acceso a una Vida Libre de Violencia.
¿Cómo desestrucuramos el machismo en el paradigma colectivo?
De acuerdo con la antropóloga Guadalupe Aquino Hernández, una de las formas es mediante la organización de la sociedad civil en colectivos y movimientos de lucha. Desde la década de los 80, en México y América Latina los grupos urbanos se organizaron para demandar, con marchas y plantones, ser escuchados, acceder a servicios básicos y para exigir que los derechos humanos sean garantes.
En una entrevista para El Economista, Belén Sanz Luque, representante de la ONU Mujeres en México, aseguró que nuestra nación “debe poner especial atención en erradicar cualquier estereotipo de género que persista al interior de las instituciones, con el objetivo que se garantice que la totalidad de los delitos cometidos contra mujeres sean investigados desde un enfoque de género”.
“A la par de ello se debe trabajar en una mayor armonización legislativa en todas las entidades del país con respecto a la tipificación de la violencia hacia la mujer; estandarizar los protocolos para reducir la impunidad, mejorar los servicios que reciben las mujeres que han sido víctimas de violencia, además de destinar mayores recursos para la prevención de la violencia hacia las mujeres que al día de hoy son insuficientes en México”1.
Empoderar a las mujeres
La autonomía y el empoderamiento de las mujeres son indispensables para el logro de la igualdad de género, además de ser parte de procesos individuales y políticos para el ejercicio pleno de los derechos humanos.
Así, el empoderamiento se relaciona con la toma de conciencia respecto de la necesidad de modificar e impugnar las relaciones de poder, tanto en contextos privados como públicos.
Recomendaciones de la OCDE
México sólo podrá alcanzar sus objetivos de desarrollo si las mujeres participan plenamente en la economía, en la sociedad y en la política. Por esa razón es indispensable seguir integrando las consideraciones de género a la legislación, los planes y los programas en todos los niveles de gobierno.
Es clave asegurar que las mujeres tengan acceso a la justicia, que las fuerzas del orden cuenten con la capacitación necesaria para manejar las ofensas de género y que la legislación sea muy firme en su castigo al acoso sexual y a la violencia de género.
Apoyo desde las aulas
La maestra Aleyda G. G. Gatell, en entrevista para ONEA, señala que sí hay concientización de esta violencia en las escuelas mexicanas, y en la búsqueda de la desaparición de esta problemática “tenemos que hacer equipo todos los actores involucrados”.
En el sector educativo, las herramientas en apoyo a la visibilización de la violencia de género son específicas para cada nivel, e incluyen libros de texto, el programa nacional de convivencia escolar PNCE, cuentos y conferencias, sin embargo, sí hacen falta talleres y capacitación a los docentes que sean impartidos por personas especializadas en el tema, como abogados, funcionarios de la Fiscalía, el C4 o Inmujeres mediante una agenda bien planeada.
De acuerdo con Aleyda Gatell, los maestros sí están capacitados para ayudar en caso de que las estudiantes estén siendo violentadas, pero les hace falta el conocimiento jurídico para llevar los protocolos adecuados ante estas situaciones.
Esta barbarie se debe combatir con acción, y se debe combatir ya. Es urgente y prioritario suprimir y exterminar este tipo de violencia que nos transgrede, que debilita nuestras convivencias y que permea en todos los ángulos de nuestra sociedad. Es imprescindible trabajar de manera comunitaria y respaldar los movimientos colectivos que llevan esta agenda, para que las mujeres mexicanas dejen de desaparecer y de morir a manos del machismo tan bestial al que tratamos de sobrevivir cada día».
