Pero el problema de la corrupción también trastoca a otra institución de nivel superior: la UPAV, allí, las irregularidades radican en su propio marco normativo, pues se designa como “asesores solidarios” a los cerca de 4 mil docentes con que cuenta en la actualidad a “aprendientes” a sus más de 11 mil alumnos.
Pero no es todo, dentro de su operatividad, la universidad creada en el año 2006, trabaja mediante “convenio de colaboración” con una asociación civil que es la responsable de captar las “aportaciones voluntarias” o pagos que realizan los estudiantes por concepto de inscripción y cuotas. Dichos pagos son sometidos a transferencias bancarias, que entre otros, se deben destinar a la realización de actividades y eventos académicos, cursos, congresos y sobre todo, al pago de “gratificaciones, ayudas económicas y compensaciones”, es decir salarios de los asesores solidarios.
Al respecto de la gestión financiera de 2018 de la UPAV y de la Alianza para el Fomento del Aprendizaje A.C., presidida por Andrés Domínguez Castillo, el Orfis documentó siete observaciones de carácter financiero: cinco para la universidad y dos para la asociación, que hacen presumir la existencia de un daño patrimonial a la Hacienda Pública Estatal de 10 millones 648 mil 764.76 pesos.
Sin embargo, la denuncia interpuesta ante la Fiscalía Anticorrupción por la SEV solo documentó 9 millones 648 mil 521 pesos, es decir, un millón menos.
Se trata de presuntas irregularidades en el manejo de los ingresos recibidos por concepto de transferencias bancarias a la asociación, para cubrir los pagos de gratificaciones, ayudas económicas y compensaciones a los asesores solidarios, gracias al convenio de colaboración que había entre ambas partes hasta el 2018.