#UnPaísConNosotras – Maricela Montero Andrade

Feminismo desde fuera de la capital

Parte de que nos ataquen tanto
es porque estamos haciendo las cosas bien

 

La aprobación de una ley de menstruación digna que facilite el acceso a productos de higiene menstrual a estudiantes niñas y adolescentes en Michoacán; el reconocimiento del 3 de noviembre como el día de las víctimas de feminicidio en el estado y el impulso de una ley que permita la interrupción del embarazo, han sido logros de las feministas y activistas locales, que generan redes de apoyo, para asegurar que las leyes las beneficien.

Maricela Montero Andrade, abogada michoacana de una unidad de derechos humanos, que trabaja en la protección a defensores de derechos humanos y periodistas, en colaboración con otros organismos y organizaciones nacionales e internacionales y gobiernos, también forma parte de los grupos feministas que pugnan por cambios en Michoacán y en el país entero.

Su colectiva, Incendiarias, se enfoca principalmente en visibilizar la violencia, desde diferentes profesiones y ángulos. Proponen formas de evidenciar la discriminación ejercida contra las mujeres en los círculos inmediatos y de igual manera se enfocan en brindar acompañamiento a quienes lo requieren, por lo que se mantienen en constantes capacitaciones, para compartir sus conocimientos en derecho, sociología, historia, mercadología, psicología, entre otras ramas del conocimiento.

De igual manera, Incendiarias forma parte de dos redes: la Asamblea de Mujeres Michoacán e Interrupción Legal del Embarazo en Michoacán (Ilemich), que atiende los temas de derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Estos grupos están conformados de 35 colectivas que se organizan por comisiones, entre las que se encuentran las legislativas, jurídicas o de comunicación, que mantienen contacto con diversas dependencias e impulsan las conclusiones a las que llegaron en colectivo.

Estos esfuerzos han sido acompañados de un crecimiento de la participación desde la sociedad. Las mujeres en Michoacán se han unido al movimiento, en 2020 la manifestación del 8 de marzo logró reunir a más de 10 mil mujeres, de todas las clases, edades, una marcha histórica, que Montero describe como maravillosa.

Poco a poco, sobre todo en los últimos dos años, las protestas y eventos han logrado juntar más mujeres en Michoacán, lo que para Montero funciona como indicador de que algo estamos haciendo bien, de que estamos comunicando bien el tema de la conquista de nuestros derechos y que muchas otras mujeres se están animando a levantar la voz con las que ya andábamos en esta lucha.

Esto permitió que se le diera mayor espacio a las mujeres en el estado desde la política, pero al ser una entidad tan conservadora no ha logrado reunir grandes cantidades de asistentes a las manifestación en favor de la aprobación del aborto, pero cada vez más se acercan a estos espacios.

Quienes protestan en favor de la interrupción legal del embarazo han llegado a ser encapsuladas por grupos católicos que rezan, bañadas en agua bendita, acosadas en la calle cuando van solas y a pesar de que las manifestaciones son pacíficas, menciona Maricela Montero, las reacciones ante ellas han llegado a ser muy negativas.

Sin embargo, la convocatoria y participación actual permitió que se presentara una iniciativa ciudadana en favor de la despenalización del aborto voluntario, en febrero de 2021, la cual recibieron los legisladores sin oponerse de forma contundente y se espera un dictamen.

Fuera de la Capital y en crecimiento

Para Montero queda claro que no son lo mismo las luchas por los derechos de las mujeres en la Ciudad de México que desde el interior de la república. Como conclusión de ella y sus compañeras, el feminismo en la capital nos lleva ganados doce años a los estados, tan solo en la conquista y el reconocimiento del derecho a decidir. Pero esto ha propiciado que se ignoren las luchas feministas en otros sitios.

Los medios y las redes dejan de lado lo que ocurre fuera de la ciudad que se encuentra al centro del país, apunta Montero y desde los estados necesitan apoyo, ojos y manos. Nos ha costado trabajo que la gente comprenda que ya estamos en la era de los derechos humanos y que ya no nos vamos a quedar como de brazos cruzados ante injusticias o la omisión legislativa de nuestros derechos.

Con el crecimiento del movimiento en todo el país aún se pueden detectar errores, desacuerdos o esfuerzos que chocan entre sí dentro de los debates de las feministas mexicanas, pero se trabaja unidas cuando se trata de objetivos específicos, como la erradicación de la violencia o la interrupción legal del embarazo, afirma la activista.

Luchar en el ámbito personal y profesional

Aunque principalmente la lucha feminista de Maricela Montero esté con su colectiva y en las calles, en su vida se enfrenta a diversas situaciones complejas. Como abogada menciona que constantemente ella y sus compañeras combaten la infantilización de las mujeres, generada por el machismo, que no permite que los compañeros reconozcan sus capacidades, descalificando su pertenencia a las unidades en las que colaboran.

Constantemente son señaladas por ocupar el puesto por que alguien las recomendó o se los ofreció, por favores sexuales o por parentesco, más que por las habilidades que han demostrado al ejercer su carrera.

La realidad convierte a la lucha feminista en solitaria. No son comunes las relaciones en las que se identifiquen parecidos ideológicos y una vez que se encuentran se forman redes de mujeres que señalan estas violencias en sus centros de trabajo o en sus familias. Subrayan las diferencias de la realidad para mujeres y hombres, aún en los espacios íntimos, como las relaciones amorosas o las sexuales.

Desde la adolescencia ella identificaba las disparidades en el trato a mujeres y hombres, a pesar de no nombrarse feminista entonces, pero con los años, tras “la marcha de las putas”, pudo identificar que ella formaba parte del movimiento por los derechos de las mujeres.

Actualmente considera que parte de los ataques que ha recibido el feminismo por parte de los hombres, sobre todo aquellos en el poder, son originados porque se hacen las cosas bien.

Considera que los señalamientos a quienes protestan, al calificarlas como conservadoras y proferidos desde los gobiernos de izquierda, se propician porque el autocuestionamiento duele, pues requiere una constante deconstrucción del sistema patriarcal, aquel que nos han enseñado desde la infancia.

Muchas veces es muy doloroso el proceso de darnos cuenta que hemos sido víctimas toda la vida de diferentes violencias.

La lucha de Maricela Montero, las activistas en Michoacán y del resto de las mujeres en la república demuestran que no es un movimiento pequeño en decadencia, sino uno que se expande e integra a jóvenes y mayores de todas las realidades posibles.