Por Patricia San Juan

Rosario Ibarra de Piedra pasó poco menos de 47 años buscando a su hijo Jesús Piedra Ibarra, quien trabajó como activista y guerrillero en México con la Liga Comunista 23 de Septiembre, enemiga pública de un gobierno que empleaba al ejército y fuerzas policiales para la desaparición de personas durante el periodo conocido como Guerra Sucia, que comprende de 1965 a 1990.

En 1975 Rosario Ibarra inició una lucha personal pero también política, por encontrar a su hijo y a los de otras mujeres. Se colocó la foto del joven en el pecho y la volvió parte de ella. Creó el Comité ¡Eureka!, se volvió una figura de oposición al gobierno que negaba desapariciones, matanzas de estudiantes, persecuciones a la guerrilla y llegó hasta la candidatura por la presidencia.

Su lucha cambió la historia de México. En el continente se puso a un lado de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo, inspiró a otras personas a denunciar los delitos cometidos por los gobiernos autoritarios, cambió el país y aún así, hasta el día de hoy, no se conoce el paradero de su hijo.

La dolorosa muerte de una de las mujeres que abrió caminos pesó más por la permanencia del delito que le arrancó a su hijo de su lado. Hoy hay un registro muy cercano a los 100 mil desaparecidos en el país y como ella cientos, miles de madres exigen al gobierno verdad y localización de los y las suyas.

Ahora no todas las desapariciones son por razones políticas, pero no por ello son menos importantes, Alejandro, Osvaldo, Yolanda o Adriana, junto con los miles de nombres que aparecen en los carteles que empapelan las ciudades no han podido abrazar a sus hijos e hijas, no han salido con sus amigas, no han platicado con sus papás. Como Jesús tampoco ha podido.

Aunque se reconoce el esfuerzo, por parte de colectivos y de organizaciones, de la puesta en marcha de Comisiones y Fiscalías especializadas de búsqueda, esto no ha sido suficiente. Los delitos de desaparición incrementan. Las madres siguen localizando fosas clandestinas cada semana, sin embargo aún no encuentran a quienes aman.

El discurso oficial de la tribuna presidencial, desgraciadamente, no ve lo mismo que el que brindan los expertos del mismo gobierno en la materia. Tanto Alejandro Encinas, Subsecretario de Gobernación, como Karla Quintana, Comisionada Nacional de Búsqueda confirman la existencia de una crisis, abordan la importancia de la coordinación con la Fiscalía General de la República, con la que no cuentan y se sientan en paneles internacionales con expertos de Comités y luchadores por los derechos humanos para buscar soluciones en conjunto.

Por su parte Andrés Manuel López Obrador aseguró que el Comité de Desaparición Forzada de la ONU “inventa” sobre las condiciones de este delito en México, uno de los países que vive la mayor crisis en este tema.

Las recomendaciones del Comité no sólo están basadas en comentarios de integrantes de organizaciones, buscadoras, sino también en diálogos con autoridades de diferentes niveles de gobierno, incluido el federal. En la visita del Comité buscaron con las madres, escucharon a los colectivos, recorrieron los estados.

La pregunta en “la mañanera” que desató esta opinión del presidente refería a una observación del Comité. El gobierno debería retirar el plan de militarización del país para evitar violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, no cuesta mucho trabajo identificar que el Ejército es uno de los pilares de ese gobierno que en campaña pedía que se regresara a los militares a los cuarteles.

La Secretaría de la Defensa Nacional se hace con más proyectos, recursos, instituciones, como ocurrió con la Policía Federal, que pasó a ser la Guardia Nacional, compuesta en su mayoría por soldados y marinos de formación y todo esto está dentro de la estrategia de seguridad nacional del presidente.

Otro de los puntos fue que resulta necesario reconocer el papel del Estado en el proceso de la desaparición, pues la desaparición forzada, que se entiende por funcionarios públicos, también es catalogada como tal cuando las autoridades cooperan con los grupos criminales, no investigan los casos y no implementan medidas de no repetición.

Genera tristeza escuchar que el trabajo que realizan las madres, esposas, personas buscadoras sólo forma parte de un discurso político para la presidencia. López Obrador mencionó en su tuit sobre la muerte de la gran luchadora social que fue Rosario Ibarra, que “nos recordará siempre el más profundo amor a los hijos y la solidaridad con quienes sufren por la desaparición de sus seres queridos. Ese era su verdadero partido”.

Sin embargo, quienes hoy luchan por ellos no reciben una respuesta favorable del mandatario. Las Madres Buscadoras de Sonora respondieron al mismo tuit del presidente, remarcando que “el mejor homenaje” a Rosario Ibarra sería atenderlas, “o de lo contrario sólo es palabrería hueca y politiquería [sic]”.

¿No será esa una mejor forma de honrarla? Escuchar a quienes serían “herederas” de su lucha, cambiar su realidad, acercarlas a la verdad sobre las y los suyos.

En el país donde Debanhi Escobar fue localizada en una cisterna trece días después de desaparecer, se siente como dice un cartel en una protesta: “Este no es un país, es una fosa con himno nacional”.