Por Patricia San Juan

En febrero de 2019, a sólo dos meses del inicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, se anunció que la administración federal no transferiría recursos públicos a organizaciones de la sociedad civil. Distintos espacios terminaron sus labores ante la falta de dinero, entonces las trabajadoras de los refugios para mujeres que sufren violencia alzaron la voz, el cierre de los espacios dañaría a las mujeres en todo el país.

Con argumentos la Red Nacional de Refugios sobrevivió a la posible catástrofe, hasta hoy el proyecto sobrevive y sólo en 2021 más de 33 mil 292 mujeres, niñas y niños acudieron a los servicios que ofrecen como refugio.

Wendy Figueroa, directora general de la Red, asegura que estos espacios son claves para prevenir feminicidios, pero hasta el momento no están incluidos en una política de Estado que prevenga la violencia, atienda sus causas, destine el presupuesto suficiente, lo asegure a futuro y por todo un año, pues actualmente no se cubren los doce meses.

Además las autoridades tendrían que analizar en cuáles otras regiones se requieren, no sólo los refugios, espacios en los que reciben protección y atención integral; también las casas de emergencia, donde pueden estar hasta 72 horas después de salir de sus casas; y de transición, cuando las mujeres están listas para una vida en autonomía. Pues la violencia en su contra refleja “un problema estructural y sistémico”.

El silencio ante los feminicidios

Los refugios representan un espacio seguro para una mujer que está sometida a la violencia, donde además obtiene atención “especializada psicológica, médica, jurídica y psicopedagógica, para que empiece a analizar su entorno” afirma Figueroa.

En su experiencia quienes logran salir de los espacios donde son agredidas se liberan de posibles lesiones o daños tanto para ellas como a sus hijos e hijas o en el último de los casos, del feminicidio.

Este delito se infringe generalmente por personas que conocen a las víctimas y con quienes tienen una relación. De acuerdo con los datos que han reunido por parte de la Red el 40 por ciento de los feminicidios se dan cuando las mujeres deciden romper con la situación de violencia o con la relación de pareja.

De acuerdo con los datos no oficiales, recuperados por las organizaciones de la sociedad civil, al menos 10 mujeres son asesinadas al día en México, en un país donde la impunidad es del 99 por ciento, como indica la organización Impunidad Cero.

Las víctimas que logran sobrevivir a un ataque, las madres, las hermanas o las hijas de quienes fueron asesinadas, denuncian que no se siguen las investigaciones en sus casos, las carpetas no se judicializan y los abordan como homicidios o suicidios. El sistema de justicia en el país no es integral, como denuncia la psicóloga feminista, es decir, la reparación de las víctimas no es una prioridad.

Además el encierro, derivado de las medidas para prevenir los contagios en la pandemia, incrementó la violencia en contra de mujeres, niñas, niños y adolescentes. Los datos de la Red Nacional de Refugios indican un aumento del 51 por ciento en las atenciones dentro de los centros durante 2020 y 2021, mientras que las llamadas y los contactos en línea subieron un 40 por ciento en comparación con el 2019.

Los refugios fueron catalogados como servicios esenciales, sin embargo Figueroa denuncia que no se brindó el incremento al presupuesto adecuado, pues al menos de 2021 a 2022 aumentó un cuatro por ciento, algo que asegura es positivo, pero no considera la inflación que roza el siete por ciento.

Advierte también, que si las problemáticas se continúan atendiendo de una manera no integral permanecerán el índice alto de violencia contra las mujeres y ellas vivirán en sitios donde se limite su autonomía y se vean obligadas a volver con su agresor o que él se encuentre libre, como un riesgo latente.

La justicia integral también implica garantizar el acceso a una vivienda digna, un empleo, la conciliación entre las labores de cuidado domésticas y de desarrollo personal, la autonomía económica, política y por supuesto física, lo que implica también acceder a sistemas de cuidado de niños y niñas, como guarderías, estancias infantiles o escuelas.

La prevención

Algunas mujeres no perciben la violencia en sus relaciones desde que comienzan, no sólo de pareja, sino también con otras personas, por ello Wendy Figueroa advierte que la primera señal es cuando dejan de ser las mismas al limitarse por la otra persona y dejan actividades de su vida cotidiana.

Es necesario ser conscientes que el amor no duele, los celos no son necesarios y el control de las acciones, el dinero, la vestimenta o los lugares donde se muevan no son normales, afirma. Además si la otra persona emplea la violencia física, contra la pareja, destruye sus objetos personales, la fuerza para tener relaciones sexuales y no comprende que “no es no”.

Estar en cualquier relación requiere sentir libertad de ser y sentirse en bienestar. El amor, en todas sus diversidades, es aceptar a la otra persona, respetarse, tener confianza y comunicación.

También se registran violencias contra las mujeres en espacios fuera de los hogares, contra aquellas que pertenecen a grupos vulnerables, como es el caso de las migrantes o integrantes de pueblos indígenas, además de ser potenciales víctimas de trata y desaparición en un país donde se suma la corrupción y los intereses de los partidos.

Una red que se teje con hilos de feminismo

Estos refugios, donde trabajan también mujeres, se caracterizan por ser denominados feministas. En los últimos nueve años se han coordinado con organizaciones, empresas privadas y el gobierno para salir adelante, a pesar de los roces con el ejecutivo.

Con los años se han centrado en los testimonios de mujeres y en el impulso de políticas públicas y herramientas para mejores prácticas, como la colaboración en la creación de la norma oficial mexicana de refugios.

En la visión del feminismo de Wendy Figueroa “es el movimiento más genuino que busca la emancipación de las mujeres” donde confrontan al sistema patriarcal, no a sus víctimas, con una mirada abolicionista; y le gusta que más mujeres jóvenes se sumen mientras lo cuestionan.

Hace un llamado para invertir los recursos en la búsqueda de niñas y adolescentes desaparecidos, en la atención a víctimas de violencia de género y la discriminación, así como a la congruencia, para generar un gobierno que construya derechos en favor de la ciudadanía.

 

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