Foto brindada por Mitzy Violeta Cortés


Por Patricia San Juan

Los polos se derriten, el nivel del mar incrementa, los ríos están contaminados por grandes y pequeñas empresas, el ser humano ha abusado de su relación con la naturaleza y cada año resulta más compleja. La lucha para conservar el planeta no es reciente pero sí tiene rostros nuevos, pues son los jóvenes y los adolescentes los protagonistas de las huelgas, cumbres y colectivos por la justicia climática.

Mitzy Violeta Cortés tiene 23 años y es una defensora de la tierra, junto con las y los integrantes del colectivo Milpa Climática impulsa que los pueblos indígenas, sobre todo desde las juventudes, participen en el cambio que implica acciones sociales.

En 2021 fue embajadora por un día, de la representación británica en México y a finales de ese mismo año acudió a la Conferencia Internacional de la Organización de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (COP26) como parte de una delegación de 10 mujeres indígenas que expusieron las problemáticas que perciben.

Cuidarse para cambiar al mundo

La lucha por el territorio no era el móvil principal de Mitzy Violeta, empezó con sus estudios universitarios. Como alumna de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM realizaba su tesis de licenciatura sobre los derechos de los pueblos indígenas, las mujeres y los jóvenes en estas comunidades, mientras la tierra se traspapelaba en la teoría.

Cada vez se involucraba más con el tema de forma práctica y en la escuela se unió a espacios organizativos, como la misma Milpa Climática, donde se encontraron compañeros de distintos pueblos indígenas para hablar sobre las realidades comunitarias y con la Red de Futuros Indígenas.

En medio de la pandemia, de la distancia y el aislamiento el Centro de Derechos Indígenas Flor y Canto impulsó el Semillero de mujeres defensoras de nuestros territorios y jóvenes entre 15 y 32 años se reunieron para formarse y acompañar en procesos de defensa y cuidado de sus territorios.

Ahí se realizaron reflexiones colectivas, ideas que no sólo abordaban la tierra, sino cómo cambiar la realidad y esto qué implica para las mujeres, qué obstáculos existen, qué oportunidades les brindaba.

En sus palabras: comenzar a ver la defensa no sólo como esta lucha contra los megaproyectos y las empresas en el marco de un conflicto, sino como los procesos de resistencia cotidianos que tenemos: las formas de vida de nuestras comunidades, las personas que siguen sembrando, quienes siguen hablando su lengua, el cómo se resiste desde la comida y mantenerte en tu comunidad.

Del Semillero terminaron las capacitaciones que les ofrecieron, pero las integrantes decidieron seguir las reuniones, el trabajo se convertía en una labor que consideraba a las mujeres en todos los ámbitos de sus vidas y encontraron otros espacios como Cura da Terra, donde chicas indígenas de toda América Latina dialogan sobre “revivir, resistir, recuperar, reimaginar, regenerar, reparar, reforestar los territorios y los corazones”, de acuerdo con sus propias palabras.

Desde donde debaten cómo influye la violencia que viven las mujeres, las complejidades de seguir las luchas cuando se tienen hijos, trabajos y el miedo a los abusos o los feminicidios por alzar la voz dentro de sus comunidades. Que ellas también se silencian por no encontrar espacios dónde compartir esas ideas, por ello no sólo se crearon grupos temporales por y para mujeres, sino como un impulso que genere una red que otorgue protección, un acuerdo que rebasa las zonas geográficas en las que viven y se conecta con el país y el continente.

Los espacios que eran sólo de otros

Las comunidades tienen sus propios procesos, tradicionalmente existían asambleas comunitarias donde se debatían y exponían problemas, pero de acuerdo con Mitzy Violeta, en algunos espacios ya no se hacen estas reuniones, sino que las autoridades informan de manera incompleta.

Ante esto en su comunidad, San Sebastián Tecomaxtlahuaca en Oaxaca, Cortés ha impulsado diversas acciones junto con compañeros, entre ellas la limpia del río, de ahí se iniciaron las conversaciones sobre la extracción de arena del cuerpo de agua por parte de otros pueblos, las inundaciones, las condiciones del líquido y eso ha dado pie a la organización de proyecciones de documentales, actividades para niños y adultos, para así seguir la discusión sobre lo que se puede hacer para combatir el desgaste de la naturaleza.

Su comunidad, como muchas otras en el país, no se enfrenta a un gran enemigo en común, pero los caciques locales, quienes ejercen el poder, en ocasiones también emplean la violencia, la cual ha minado los diálogos e inoculado el miedo contra los que defienden el territorio o se oponen a la extracción del agua.

Es consciente de que ella sola, en su comunidad, no cambiará las dinámicas existentes, pero bajo la lógica del semillero Mitzy Violeta y las otras jóvenes pueden impulsar el cambio, con pequeñas acciones que promuevan el debate y sembrar otras semillas entre otras mujeres y jóvenes, además de aprovechar los conocimientos y las dinámicas positivas que ya existen.

Una batalla de diversos frentes

En algunos espacios comunales las mujeres tienen menos poder porque no tienen la titularidad de las tierras que trabajan, pero también por las costumbres familiares o tradicionales, en las que ellas son restringidas por su género, mientras que las instituciones reproducen la violencia de la sociedad.

Por ello la lucha se ha convertido en antipatriarcal, anticolonial y anticapitalista, afirma. Sin dejar a un lado las consignas por la tierra han emprendido un camino en el que abarcan todas las demandas. “No queremos crear un futuro en el que pare el extractivismo pero no la violencia contra las mujeres, porque al final viene de la misma raíz”.

Curar su cuerpo, alzar la voz, identificar las violencias que las atraviesan, acuerparse o acompañarse o lo que en otros espacios se nombra como “empoderarse” es una prioridad para las que siembran el cambio en estos colectivos.

Al día de hoy Mitzy Violeta no se define feminista, siente que lo que realiza y los espacios a los que pertenece provienen del movimiento, pero no le gusta nombrarse para mantener diálogos con otros grupos y entender desde la diversidad.

Señala que el feminismo mexicano ya toma su propio rumbo y le emociona que cada vez chicas más jóvenes en diversos espacios adoptan al movimiento como suyo, ha dejado de estar sólo de las élites y se ha adentrado en las adolescentes, con convicciones fuertes.

Me agrada que empezamos a construir nuestros espacios, significados, rutas, afrontando situaciones, organizándonos y generando reflexiones, reconociendo que es un contexto específico en el que vivimos.

Hay diversas luchas de mujeres y ellas hacen muchas cosas por cambiar estas desigualdades de género y los sistemas que nos han oprimido por un largo tiempo.

 

Conoce más sobre #TodasFeministas