Foto brindada por Virginia Garay


Patricia San Juan

En México 98 mil 704 personas están desaparecidas, 73 mil 651 hombres y 24 mil 535 mujeres se suman a las dolorosas listas de las fiscalías y las comisiones de búsqueda nacional y estatales, mientras sus familias los buscan.

En las calles, en las iglesias, en los Institutos de Ciencias Forenses y en los terrenos abandonados las madres, esposas y hermanas han tomado las riendas de las búsquedas.  Estas son, principalmente, actividades presididas por mujeres, ellas han encontrado fosas, llorado a sus hijos localizados, exigido ante las autoridades y han puesto la cara ante presuntos integrantes del crimen organizado.

Una de ellas es Virginia Garay, madre de Bryan Eduardo Arias Garay, que desapareció el 6 de febrero de 2018 en Tepic, Nayarit, cuatro años después no lo ha localizado, pero no detiene su búsqueda y ha fundado Guerras en busca de nuestros desaparecidos, AC.

Hoy también forma parte del Consejo Nacional Ciudadano del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas, como consejera honorífica, además estuvo presente en las mesas de trabajo con el Comité contra las Desapariciones Forzadas de la ONU que visitó México en 2021.

Las mujeres que buscan

En su colectivo hasta hoy 33 personas buscan a 34 víctimas. Han localizado y entregado a sus familias cuatro cuerpos, mientras ocho personas vivas han sido encontradas.

Cuando comenzó su búsqueda por Bryan estaba sola, pero el camino de la denuncia, de los malos tratos de las autoridades, fue compartiéndolo con otras familias. Poco a poco fueron identificando cómo hacer las denuncias para iniciar las carpetas, obtener las copias de los documentos emitidos, entre otras tareas de cortes legales y de criminalística. Sus conocimientos colectivos han ayudado a otras madres y esposas a iniciar el proceso.

Aún hoy, “las autoridades no entienden cómo deben hacer las cosas o no quieren hacerlas”, asegura Virginia Garay en entrevista, son ellas las que hacen las labores de acompañamiento, aunque las familias, cuando acaban de sufrir una desaparición en Nayarit, pocas veces saben que ya hay colectivos que las pueden ayudar y se ven envueltas en las mismas trabas que las integrantes de Guerreras han vivido.

También se enfrentan a la desconfianza hacia las autoridades. Ahora miembros de la fiscalía y la Comisión de Búsqueda estatal ya las acompañan a las búsquedas en campo, si es que lo solicitan, pero para hacerlo les deben avisar con tiempo, definir un territorio y la pregunta se mantiene al aire “si lo avisamos con tiempo, ellos pueden ir ¿y si ya no encontramos nada?”, apunta Garay.

Además se sienten limitadas, pues al estar  acompañadas por funcionarios públicos no pueden moverse con libertad, ni aprovechar sus tiempos si quisieran extender las búsquedas, pues se deben atener a los espacios señalados desde que agendaron esa jornada.

Cuando vamos solas es mejor porque si hay personas que no quieren que busquemos, si van las autoridades corremos más riesgo y sobre todo podemos trabajar varias cuadras, hasta donde alcanzamos en el día y no hay límites, nos sentimos más libres de movernos de un lado a otro, de revisar y no estar vigiladas.

Más maña que fuerza

A las mujeres que toman los picos para abrir donde pudiera haber una fosa ya les duelen las rodillas, la cadera las lastiman y la espalda les recuerda que no es la primer jornada que han realizado bajo el sol, en el pasado se han caído, fracturado huesos y dislocado los hombros, a consecuencia de una tarea que jamás pensaron hacer, la de buscar en la tierra cuerpos.

Virginia actualmente sufre de bruxismo, por apretar demasiado los dientes de manera inconsciente y el insomnio la acosa, las consecuencias de las desapariciones se reflejan en sus cuerpos y también en su mente, pero si ellas no realizan las búsquedas las fiscalías no actúan lo necesario.

Ellas usan las herramientas para cavar con paciencia, tomando poca tierra pero sin detenerse, hasta encontrar un indicio de alguna fosa y entonces sí llaman a la fiscalía, para que realicen las tareas correspondientes a la investigación de los cuerpos localizados.

La lucha por sus hijos e hijas también las ha llevado a otras reflexiones. Para Virginia las mujeres salen del ciclo del machismo cuando comienzan a denunciar y alzar la voz, “estamos empoderándonos y sacando las uñas por nuestras familias”.

El pasado y el presente se entrelazan

La visita del Comité contra las Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas otorgó la posibilidad a las madres de Nayarit de exponer la urgencia de que se presentara un Análisis de Contexto, es decir, el informe de expertos que identifiquen las razones de la desaparición de personas en el estado que se han detectado y los puntos en común que se hallaron en cada caso.

Tras la recomendación del Comité se publicó el documento en el que se resalta como un actor importante al exfiscal general de justicia de Nayarit, Edgar Veytia, quien ocupó el cargo durante el periodo del gobernador Roberto Sandoval, de 2011 a 2017.

Veytia es acusado de tener presuntamente una relación con el crimen organizado en México y en 2019 fue condenado a 20 años de prisión en Estados Unidos por formar parte “de una red internacional de narcotráfico”, de acuerdo con el propio análisis publicado por la Comisión Nacional de Búsqueda y la Secretaría de Gobernación, lo que influyó en las condiciones de inseguridad del estado.

Algunas de las buscadoras han decidido no hacer sus denuncias públicas de las desapariciones ocurridas bajo su administración, ya que parte de su equipo continúa laborando en las instituciones públicas del estado.

Esto ha impactado hasta el año 2022. Las madres en Nayarit realizaron un “amparo buscador” el cual solicita a los jueces que también realicen labores de búsqueda. Virginia, junto con dos compañeras del colectivo recibieron las mismas respuestas, de acuerdo con los jueces estos amparos fueron frenados por al menos un año, pues sus hijos deben acudir a ratificarlos.

Es decir, Bryan, junto con los otros dos jóvenes buscados por su madres debería, según el ángulo de los  impartidores de justicia, acudir a confirmar que están desaparecidos para que los jueces ordenen las labores de búsqueda. El caso ha sido denunciado por Virginia y sus compañeras ante medios, al igual que por la comisionada nacional de búsqueda, Karla Quintana.

Por estas respuestas Virginia, junto con sus compañeras, impulsaron una queja ante el Consejo de la Judicatura, sin embargo no todas las madres se han sumado a este proceso del Amparo Buscador, pues tienen temor que al saberse su caso sean víctimas de otras violencias, por los funcionarios de gobiernos pasados o los integrantes del crimen organizado.

Los frutos del trabajo de las mujeres

Virginia Garay, junto con las madres buscadoras en todo el país, han hecho posible que el tema se ponga en la agenda, los desaparecidos ya no son un rumor, son una realidad en México. La labor de las familias ha provocado la movilización de autoridades en mayor o menor medida, la creación de instituciones, el respaldo de organizaciones de la sociedad civil y grupos nacionales e internacionales.

Son ellas las que han dialogado con los medios para denunciar la existencia de fosas clandestinas, quienes han puesto sus recursos en herramientas y tecnología que facilite la búsqueda y las que se mantienen, a pesar de los años, de pie frente a la opinión pública y la sociedad civil.

La desaparición ha afectado a cerca de 100 mil familias en México, más de mil en Nayarit. El país cuenta con más víctimas que los años de la dictadura Argentina, donde primero se impulsó una ley sobre la desaparición forzada en el mundo, pues en los años más difíciles bajo el poder dictatorial aproximadamente 30 mil personas fueron detenidos-desaparecidos.

Al día de hoy las madres de la Plaza de Mayo, las primeras activistas por la localización de víctimas en los años setenta, no están lejos de las madres en Tepic y de todo el país, donde actualmente no se reconoce que existe una guerra pero en promedio por día desaparecieron 42 personas en el año 2021y se localizó apenas al 50 por ciento.

 

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