Por Iván Gidi Blanchet*

Debo empezar con una confesión: mi confianza en Ricardo Ahued es completa. El objetivo de estas líneas: tratar de infundir y contagiar esa confianza entre mis conciudadanos para lograr algo que siempre nos ha faltado, una participación ciudadana intensa, activa y efectiva. Naturalmente, esa confianza será puesta a prueba y deberá evaluarse cotidianamente para determinar si es bien ganada.

Creo que tendremos a un Ahued recargado. El paso de los años y la experiencia adquirida nos dejarán ver a un servidor público excepcional: honesto y eficiente, transparente y cercano a la gente, con sensibilidad social y vocación de servicio.

Recibe una administración que por decir lo menos sirvió para muy poco y dejó, al menos, un lastre enorme: una nómina desbordada que consume más del 90% del presupuesto y que, si no se toman medidas drásticas, será un presupuesto que tendrá prácticamente ningún margen de maniobra para hacer lo que se supone deben hacer: obras y servicios públicos de calidad, suficientes y accesibles.

Hago un paréntesis para hacer otra confesión: en más de una manera me recuerda a mi padre, que en paz descanse. Me lo recuerda al menos por dos costados que comparten: la pinta de árabe y la integridad.

Prosigo con el tema. Su administración lleva un par de días y ya vemos una enorme diferencia, una serie de actos simbólicos de la mayor trascendencia. La cancelación del vergonzoso pasadizo que comunicaba a la presidencia municipal con la cochera y el anuncio de que desaparecerá la Dirección de Gobernación municipal

Vamos por partes. El pasadizo de la vergüenza pinta de cuerpo entero al típico político del que todos estamos hartos: encumbrado, inalcanzable, prepotente y deshonesto. Vamos a ponerlo en palabras del propio Ahued: “El alcalde no necesita un corredor privado, tiene que ser una persona que atienda a la gente”. Creo que queda suficientemente claro. Para mí, eso es transformación. Por cierto, en esto también me recuerda a mi padre. Cuando tomó posesión como rector de la Universidad Veracruzana se encontró con un elevador privado que conducía de la oficina del rector a la cochera. Cualquiera que haya trabajado en la rectoría podrá confirmar que siempre usó las escaleras y se detenía a atender a cuantos se le acercaban.

Continúo. La desaparición de la Dirección de Gobernación es otro hito que define la forma en que se desempeñara el nuevo presidente. Démosle voz al propio Ricardo: “Voy a dejar sin efecto la Dirección de Gobernación; he decidido que quede sin efecto y la vamos a eliminar porque es un gasto que no es necesario, no quiero que me quite el golpe nadie, quiero estar al frente, quiero estar atendiendo y que no tenga un tercero que luego en vez de resolver los problemas, se van complicando”. En resumen, tendremos un alcalde cercano a la gente y que se hará directamente responsable de cada acto de su administración.

Hay otra razón por la que se debería celebrar la desaparición del área de gobernación: normalmente en esas instancias suceden cosas que no queremos que ocurran más en nuestra sociedad: espionaje, persecución, pactos inconfesables, entre otras joyas.
Así que solo buenos augurios para nuestra querida Xalapa y para este hombre al que admiro profundamente.

 

*El autor es director de la Organización Nacional Anticorrupción (ONEA) y Comisionado de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas en Veracruz (CEAPP).