Por Patricia San Juan

La emoción de la Constituyente inundó las calles de Chile, los estudiantes, jóvenes, adultos, que salieron a las protestas habían logrado que la historia cambiara, aquello que inició como un reclamo para que no subieran el precio del transporte terminó en un movimiento con alcances insospechados.

El 78 por ciento de los votantes decidió en octubre de 2020 que el texto que se propuso bajo la dictadura de Augusto Pinochet cambiara y los representantes en el nuevo congreso tendrían la oportunidad de modificar las leyes desde la raíz para replantear hasta el modelo económico que tenía la marca de los tecnócratas conocidos como los “Chicago Boys” y que convirtieron al país en el experimento neoliberal latinoamericano.

Un año después de esta votación la investigación internacional “Pandora Papers” ponía al actual presidente Sebastián Piñera, quien coincide con la derecha del país, en una situación más compleja. No sólo su popularidad había bajado con las protestas y la pandemia, los documentos obtenidos por periodistas demostraban que quien lideraba al país había utilizado paraísos fiscales y ahora enfrenta un juicio político.

En el panorama se cruzaba la elección y el mundo volteaba a ver a Chile con una especie de certeza de que la izquierda podía ganar este proceso, como lo hizo al proponer el Constituyente, sin embargo los votantes parecieron contradecir esa idea y depositaron sus votos prefiriendo al ala conservadora.

El 21 de noviembre ocurrió la primera vuelta electoral por la presidencia del país, donde, en caso de que un candidato hubiese obtenido el 50 por ciento más uno de los votos hubiera tenido pase directo a La Moneda. De no ser así, se requiere una segunda vuelta con los dos preferidos, como sucederá.

En total el conteo de la primera vuelta quedó así: la extremaderecha, encabezada por José Antonio Kast, colectó un 27.91 por ciento de los votos, contra el izquierdista Gabriel Boric, quien obtuvo el 25.83 por ciento.

Kast abiertamente asegura que admira al partido ultraconservador español Vox, añora los tiempos de la dictadura de Pinochet y solicita que se perdone a aquellos militares que perpetraron las ya reconocidas violaciones a los derechos humanos.

Mientras su contraparte, Boric, es un joven de 35 años, antiguo líder estudiantil que en 2011 reclamó por la necesidad de una educación gratuita en Chile, pues en esta nación el tema educativo no es accesible para quien no tenga recursos. El candidato rechaza en sus propuestas la idea de reimplementar las políticas del pasado.

Con un panorama que no parece claro el país austral desconcierta. Para los votantes la decisión no es tan clara como se planteó en distintas ocasiones desde los medios y las tribunas de comentaristas, pues parece ser que, como ya se demostró en otras elecciones en el mundo, una cosa es lo que expresa el votante en las consultas y encuestas y otra muy distinta la que pinta en la boleta.

No queda mas que esperar a la segunda ronda que será el 19 de diciembre, donde nos anunciarán los chilenos a quiénes eligieron para que los representen, aunque no deja de sorprender que un país tan lastimado históricamente vuelva a posar sus ojos en una opción cada vez más cercana a ese gobierno que lo hirió.

Sin embargo en México conocemos una y otra vez ese cuento. No importa cuántos años pasen el PRI sigue teniendo curules, aún llegó en 2012 a la presidencia, sus candidatos siguen siendo fuertes, pues a veces en las urnas la decisión queda en lo que algunos llamarían como “estrictamente personal” y otros considerarían como un resultado de la influencia de líderes sociales.

La esperanza es que Chile pueda encontrar un mejor camino, uno que le brinde justicia, verdad y una Constitución de la que se sientan orgullosos.