Por Nayeli Meza Orozco

El presidente Andrés Manuel López Obrador tenía un objetivo claro al inicio de su gobierno: bajarle el switch a la reforma energética promulgada por su antecesor en la silla presidencial.

Desde entonces, el número de intentos para borrar todo lo que se construyó con la llamada madre de todas las reformas estructurales del sexenio de Enrique Peña Nieto fueron en aumento.

El último golpe que asestó el inquilino de Palacio Nacional fue enviar a la Cámara de Diputados una iniciativa de reforma constitucional para modificar los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución, con el objetivo de fortalecer a la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

El argumento del mandatario para justificar este proyecto es que durante el “periodo neoliberal” se privilegió a particulares y se abandonó a la empresa que hoy dirige Manuel Bartlett, por lo que la 4T pondrá en marcha toda la maquinaria lo que resta del sexenio para “recuperarla”.

Sin embargo, para que se pueda revertir por completo la reforma energética de 2013 en el sector eléctrico, la iniciativa del presidente deberá contar con el respaldo de al menos dos terceras partes de los legisladores de cada una de las Cámaras y tener la aprobación de la mayoría de los poderes legislativos locales.

La duda que surge en este momento es sobre quiénes respaldarán la propuesta del jefe del Ejecutivo. ¿El PRI echará para atrás uno de sus estandartes con tal de ganar simpatías en Palacio Nacional? 

Se empieza a hablar sobre una posible alianza con el grupo tricolor encabezado por Alejandro Moreno, pero lo único que se sabe es que realizará un Parlamento Abierto, con el objetivo de negociar la reforma eléctrica y fijar una postura al respecto.

Por el contrario, quienes mostraron su rechazo a la propuesta fueron las bancadas del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano.

No podemos olvidar que si Morena logra convencer al PRI obtendría los votos que necesita para su aprobación tanto en la Cámara de Diputados, como en Senadores. 

La moneda está en el aire y el nivel de negociación que se verá en los siguientes días será interesante, pues definirá si el presidente López Obrador cumple con su deseo de enterrar (por fin) la “reforma neoliberal” y la sustituye por una propia, aunque eso solo favorezca los intereses de CFE y afecte los de sus votantes.