Por Patricia San Juan

“El cambio comienza hoy” es una frase trillada pero que debería aplicarse, sobre todo a los temas relacionados con el cambio climático.

Los activistas remarcan que es necesario que las modificaciones empiecen ya y no se vean hasta dentro de 10 años, -como plantean los Objetivos de Desarrollo Sustentable 2030-; que las metas se coloquen a corto plazo y que sean radicales. Pues de acuerdo con investigaciones como la del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, el calentamiento global “se intensifica y avanza con rapidez”.

Por supuesto necesitamos modificaciones en el consumo personal y familiar para limitar nuestros niveles de contaminación, pero sobre todas las cosas es un proceso que requiere exigir a las grandes empresas y a los gobiernos, es decir, a aquellas personas con poder, que cambien las formas en las que producen, emiten, venden, compran o accionan.

Esta semana Greta Thunberg lo remarcó en su discurso. Para los líderes políticos el trabajo por el clima representa “palabras vacías y promesas” que se quedan en los diálogos transmitidos por televisión o en mítines.

La crisis climática, señaló la activista, es un síntoma de una crisis mayor: la de sustentabilidad, social y de inequidad, que vienen desde el colonialismo. Una crisis basada en la idea de que algunos valen más que otros y por ello tienen derecho de explotar y robar los recursos y tierras de las otras personas.

El capitalismo y el neoliberalismo impactan de forma negativa tanto en lo social, político y económico, como en el medio ambiente. Es necesario respetar la fuerza de trabajo, los conocimientos, pero sobre todo a las personas y sus derechos, que plantean la necesidad de desarrollar su vida en un mundo sustentable.

Las tierras que se roban de los pueblos en nombre de las energías limpias les quitan la oportunidad de desarrollarse, así como lo hacen las minas, en las que no sólo se explota  a trabajadores, sino que sus desechos contaminan ríos y mares, como sucede con otras industrias.

El impacto es para las personas, aquellas que no tienen la oportunidad de migrar a un lugar mejor, uno donde no se vea la polución y se noten los campos verdes, cual postales preciosas.

Quiero dejar el claro que las energías limpias son más que necesarias, pero no deben proyectarse en espacios de otros.

De igual manera, ya no se debe apostar por la explotación petrolera ni de carbón como una inversión a futuro y es urgente que se legisle en el mundo en contra del fracking y de la instalación de grandes líneas de gasoductos u oleoductos, que en pocos años afectarán a sus alrededores.

Si seguimos en este camino no habrá un mundo que recuperar, ni especies por proteger, ni siquiera espacios para crecer como sociedades. El planeta se termina y no sólo en el discurso, también en la realidad.

Thunberg planteó que la esperanza no es pasiva, implica decir la verdad y tomar acciones, esas que vienen de las personas. “Y nosotros, el pueblo, queremos un futuro seguro, queremos acción real y justicia climática”.

No sorprende que ella y su generación sean los mismos que se están moviendo para cambiar al mundo, mientras los adultos, precisamente representados por los políticos, se preocupan más por reforzar la economía, en muchos casos, su propia riqueza.

Los niños, niñas y adolescentes que ya están en el planeta no sólo viven los efectos del cambio climático, sino que ven con preocupación el futuro, su futuro, que no tiene un espacio para ellos.