Por Nayeli Meza Orozco

México fue un buen anfitrión (dentro de lo que cabe). Pero al hacer una evaluación sobre los avances que se lograron en la VI Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), el resultado se queda corto respecto a la integración regional que se esperaba.

La antesala de la reunión tuvo varios tropiezos. Por principio, se realizó pocos días después de las Fiestas Patrias y en las que el gobierno mexicano fijó una postura que provocó críticas al tener como invitado de honor al presidente cubano Miguel Díaz-Canel.

Una visita que no fue muy bien recibida por Estados Unidos (el socio comercial más importante de la nación azteca) por las duras críticas del presidente Andrés Manuel López Obrador al bloqueo económico a Cuba.

En medio de la celebración de las Fiestas Patrias, la Casa Blanca informó que el gobierno estadounidense incluyó a México en la “lista negra” de países infiltrados por el narcotráfico.

Al día siguiente, mientras transcurría el Desfile Cívico Militar, el presidente Joe Biden envió una carta de tres párrafos en la que felicitó a su homólogo por el 211 aniversario de la Independencia.

Curiosamente en el cierre de la misiva el demócrata le recordó al mandatario tabasqueño las reuniones bilaterales de alto nivel que han sostenido para “avanzar en materia de seguridad”.

Durante el fin de semana, agencias internacionales reportaron que el gobierno de Estados Unidos cerró su frontera con México en Del Río, Texas, como parte de su estrategia para frenar la entrada de personas migrantes.

¿Mensaje político o simple coincidencia que todos estos anuncios se dieron entre las Fiestas Patrias, el respaldo a Cuba por parte de México y la celebración de la Cumbre de la Celac?

Si bien México no es el único país que ha mostrado su apoyo a la nación caribeña (la misma Asamblea General de la ONU lleva años exigiendo el cese al bloqueo económico), en el contexto actual se entiende como una afrenta hacia Washington a causa de las tensiones que existen por el tema migratorio y de seguridad entre ambos socios.

Otra visita que levantó ámpula fue la de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. La noche anterior al evento, la Secretaría de Relaciones Exteriores confirmó su arribo a la Ciudad de México, a pesar de que en representación de la nación sudamericana estaría la viceministra para Temas Multilaterales, Daniela Rodríguez.

Al mandatario venezolano le llovieron críticas por parte de sus homólogos, como fue el caso de Luis Lacalle Pou, presidente de Uruguay, quien expuso que su presencia en la Cumbre no significaba que era “complaciente” con algunos gobiernos, como el de Cuba, Nicaragua y Venezuela donde el poder se usa como aparato represor y no se respetan los derechos humanos.

El bloque de países latinoamericanos y caribeños buscaba encontrar soluciones en temas relacionados con el desarrollo social, educación, finanzas, energía y medio ambiente, pero el objetivo no se cumplió.

México, por su parte, solo observó y priorizó temas de su propia agenda: desaparecer la Organización de los Estados Americanos (OEA), aunque la propuesta careció de respaldo.

Al final, la reunión evidenció la profunda división que existe en la región en este momento y que cuando se debe dialogar para un bien común pesan más los intereses personales que la política exterior. Lamentablemente la VI Cumbre de la Celac fue una oportunidad perdida.