Por Eduardo Buendía

La política mexicana está en crisis. El partido en el poder abusa del discurso, pero no entrega resultados; apela al pasado, pero no transforma el presente.

En el otro lado, hay una oposición desdibujada que se desnuda con acciones ridículas al unirse a movimientos desacreditados y salen a relucir los resabios de una ultraderecha que se ocultó por algunos años; una ultraderecha que solo estaba agazapada, esperando la oportunidad para dar un zarpazo.

La lección que el electorado propinó al panismo y al priismo en 2018 se analizó como una sacudida que tenía dos caminos para esos grupos: reflexionar su aplastante derrota y extirpar lo que estaba mal, o consumirse entre sus limitados liderazgos y facciones.

A tres años de que Morena arrasó en las urnas, la oposición sigue sin entender el camino y sin ofrecer propuestas. Por el contrario, bailan la canción al ritmo del presidente López Obrador, y responden con las mismas actitudes y discursos sin trasfondo.

La falta de opositores congruentes y decididos a cambiar la situación provoca que no haya una construcción en la política. Al no haber debate no hay avance. Mientras los que ocupan la mayoría en el Congreso y encabezan el Poder Ejecutivo se tapan los oídos y siguen pensando que su transformación se va a lograr por decreto.

La reunión de senadores del PAN con Santiago Abascal, líder del partido español Vox, dejó al descubierto la falta de análisis de la realidad política en México de esos legisladores.

No es cosa menor, la carta que resultó de dicho encuentro tiene la firma de 15 de los 25 integrantes de la bancada de Acción Nacional en el Senado.

¿Qué estaban pensando al unirse con un partido de ultraderecha, que no propicia la participación de las mujeres, que es antimigrante y que plantea argumentos tan absurdos como la “celebración” de la Conquista al plantear que “España logró liberar a millones de personas del régimen sanguinario y de terror de los Aztecas”? ¿Están de acuerdo con ese pensamiento? ¿O es que en el fondo son muy parecidos?

Aunque después del error vinieron los pretextos en cascada, el daño está hecho… ese daño se lo hicieron a sus carreras políticas, pero también a su partido. Todo eso mientras ese instituto vive tiempos de cambio, con un líder nacional (Marko Cortés) que está más preocupado en su reelección y en su grupo que en proteger los intereses colectivos.

El documento firmado entre los senadores blanquiazules y Vox está lleno de ridiculeces. Asegura que una parte de la “Iberósfera” “está secuestrada por regímenes totalitarios de inspiración comunista, apoyados por el narcotráfico y terceros países. Todos ellos, bajo el paraguas del régimen cubano e iniciativas como el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, que se infiltran en los centros de poder para imponer su agenda ideológica”. Vaya tonterías.

Ese es el nivel de su postura. Una ideología que no tiene ni pies ni cabeza.

A pesar de las disculpas de Julen Rementería, uno de los impulsores de la reunión, y nada más ni nada menos que el líder del bloque panista en el Senado, las consecuencias se verán durante varios meses, quizá años. Con estas acciones le dan más argumentos a Andrés Manuel y a su grupo político para desacreditar a sus opositores y aventajar rumbo a 2024.

Pero algo está claro: En la oposición no aprendieron la lección y siguen derrotados.

Quien también pierde es la sociedad mexicana, que debe de sortear entre opciones políticas sin argumentos y sin criterio.