Por Nayeli Meza Orozco

Banxico no es la caja chica del gobierno. Aunque el presidente Andrés Manuel López Obrador no quite el dedo del renglón sobre el uso de los Derechos Especiales de Giro (DEG), la realidad es que si quiere disponer de esos recursos primero tendrá que pagar por ellos.

Ayer el banco central recibió la asignación de 8 mil 542.4 millones de DEG provenientes del Fondo Monetario Internacional (FMI), equivalentes a 112 mil 117 millones de dólares, que fueron ingresados a las reservas internacionales, saldo que se verá reflejado en su estado de cuenta semanal que dará a conocer el 31 de agosto de 2021.

En el mismo comunicado en que se informó la transferencia, el órgano autónomo detalló que, con base en la Ley del Banco de México, una de las operaciones permitidas con la reserva de activos internacionales consiste en que el Gobierno federal, a través de operaciones cambiarias con Banxico, pueda contar con moneda extranjera para cumplir con sus obligaciones en divisas.

En otras palabras, para que AMLO pueda hacer uso de estos activos para el pago de deuda, la Tesorería de la Federación primero tendrá que comprar o vender divisas con Banxico con recursos del propio Gobierno federal y a precio de mercado.

En una nota especial, analistas de Citibanamex coincidieron que los DEG no representan una donación, ni son un activo de uso irrestricto y libre de costo.

El propio gobernador de Banxico, Alejandro Díaz de León, aseguró que la asignación del FMI no es un regalo, pues son activos que tienen pasivos. Y si el gobierno quiere tenerlos, deberá pagar por ellos con los pesos correspondientes.

Frente a las múltiples reacciones y cuestionamientos que generó la sugerencia, hace unos días el primer mandatario lanzó una confesión en plena conferencia matutina: “quien está viendo esto es el secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, (…) él fue el que me hizo el comentario, él me hizo el planteamiento, por eso yo lo expuse aquí”.

Sin embargo, al menos por ahora el hombre a cargo de las finanzas públicas en México no ha hecho ningún comentario al respecto.

El Jefe del Ejecutivo insiste en que los DEG serán ocupados para pagar deuda de México, ya que ayudaría a disminuir los pesados intereses generados. Incluso, adelantó que hará las diligencias necesarias para que su deseo se concrete.

Los DEG son un activo de reserva internacional que creó el FMI en 1969 con el objetivo de complementar otros de los países miembros. Cabe destacar que constituyen un derecho potencial de su tenedor para obtener monedas de libre uso, por lo que puede canjearse por este tipo de divisas.

El FMI informó que distribuyó alrededor de 650 mil millones de dólares entre las 190 naciones que integran al organismo, cantidad que ayudará a las economías a hacer frente a los estragos de la pandemia.

A México le tocó el segundo monto más grande de América Latina, solo por debajo de Brasil, que obtuvo alrededor de 15 mil millones de dólares. Mientras que Argentina, que atraviesa por una complicada situación financiera desde hace décadas, recibió 4 mil 430 millones.

Haití, el país más pobre de la región y que hoy vive una crisis sin precedentes, solo tuvo acceso a 223 millones de dólares.

La discusión sobre el uso del DEG subió los ánimos entre el inquilino de Palacio Nacional y el subgobernador Gerardo Esquivel, a quien AMLO lo criticó de ser “ultra tecnócrata” y “cuadrado”.

El economista solo se limitó a responder con un tuit: “En democracia, el disenso no siempre es confrontación. La deliberación pública siempre será bienvenida”, escribió en su cuenta personal.

Hacia adelante, lo único que nos queda esperar es ver cómo se mueven las fichas en el tablero de Hacienda y Banxico, pues no solo la llegada de Arturo Herrera podría sacudir las decisiones de la Junta de Gobierno.

Tampoco podemos olvidar que Esquivel ha estado cerca del tabasqueño desde su primer intento por ocupar la presidencia en 2006 y desde entonces trabajó con Rogelio Ramírez de la O para diseñar el primer proyecto económico de AMLO.

Y es ahí cuando veremos si el disenso se queda solo en eso o escala a una confrontación privada entre el grupo de conocidos de la 4T.