Por Nayeli Meza Orozco

Arturo Herrera entregará las llaves de su oficina esta semana. Durante 737 días, el economista egresado de la UAM Iztapalapa tomó las decisiones al interior de la Secretaría de Hacienda y para muchos será recordado como el hombre que alcanzó el anhelado equilibrio financiero.

La llegada al despacho hacendario ocurrió tras la sorpresiva salida de su maestro, Carlos Urzúa, el 9 de julio de 2019, por discrepancias en materia económica con personajes influyentes del actual gobierno y a quienes acusó de tener conflicto de interés.

Herrera estuvo a cargo de los paquetes económicos de 2020 y 2021, pero su verdadera prueba de fuego fue con la crisis de COVID-19, pues impulsó un agresivo programa para contener los efectos de la pandemia.

El propio candidato a doctor en economía por la Universidad de Nueva York ha dicho en entrevistas que esa estrategia fue la que definió toda su gestión.

Para muchos analistas, el secretario tuvo un desempeño positivo, pues siempre trató de marcar su propia línea, a pesar de tener cerca del oído al inquilino de Palacio Nacional.

Otros piensan que su manejo durante la pandemia dejó mucho a desear y las decisiones que tomó terminaron por socavar la frágil estabilidad financiera en el país.

El funcionario jugó su última carta para colgarse la medalla antes de despedirse de su cargo: regresó de la reunión de ministros de Hacienda y gobernadores de bancos centrales del G20 con la aprobación de un impuesto mínimo global de 15 por ciento que se aplicará a las multinacionales.

En sus propias palabras, esto ayudará a recaudar cuando menos 40 mil millones de pesos, sin duda, un buen tanque de oxígeno para las arcas del gobierno. Aunque la duda que surge es hacia dónde se dirigirán estos recursos, sobre todo cuando la política energética está al centro de las prioridades del presidente.

El encargado de aterrizar este impuesto global a las grandes empresas internacionales será su sucesor Rogelio Ramírez de la O, un hombre cercano y leal al mandatario tabasqueño, quien también deberá impulsar una reforma fiscal progresiva.

A partir del 1 de enero de 2022, Arturo Herrera se cambiará al bando de los órganos autónomos para dirigir la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico), luego de que el presidente López Obrador anticipó hace una semanas que Alejandro Díaz de León no sería propuesto para un segundo periodo como gobernador del banco central.

El anuncio surgió poco después de que el titular del Ejecutivo externó su molestia porque Banxico no transfirió el remanente de operación al Gobierno federal, como ocurre casi cada año.

Sin embargo, esto no fue resultado de la voluntad de Díaz de León, sino de la apreciación de la moneda que provocó que el órgano central se quedara sin la bolsa de recursos, luego del pago de la deuda y el fortalecimiento del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP). La última vez que se entregaron los recursos fue en 2017 por el orden de 321 mil 700 millones de pesos.

La gestión de Arturo Herrera en Hacienda tiene un sabor semiamargo por su cercanía con el presidente. Por ello, el economista tiene la oportunidad en sus manos de demostrar que, pese a ser un aliado de la 4T, puede tomar decisiones con independencia, similar a lo que han hecho la subgobernadora Galia Borja y los subgobernadores Jonathan Heath y Gerardo Esquivel, los tres nominados por el mismo presidente AMLO para integrar la Junta de Gobierno.

En el pasado ocurrió algo similar con Agustín Carstens, quien se desempeñó como titular de la SHCP durante la primera mitad del gobierno de Felipe Calderón y gobernador del banco central durante el mandato del panista y de Enrique Peña Nieto.

Por el bien de la autonomía de Banxico, Arturo Herrera está obligado a separar sus intereses políticos de las decisiones monetarias de la Junta de Gobierno y mantener la inflación bajo control, que es el objetivo prioritario.