Por Salvador Vega

Ya sean de resistencia, colectivas o no gubernamentales; con causas específicas o transversales y desde todos los frentes del país.

Las organizaciones de la sociedad civil han llenado –desde siempre, pero de forma más evidente durante este 2021– el vacío ideológico que la clase política dejó de lado en su lucha por el poder.

“¿Quién las necesita?”, “seguramente se van a convertir en un partido en un par de años”, “¿quién las está financiando?”, son algunos de los cuestionamientos que se leen en las redes de aquellos que intentan utilizar la colectividad como herramienta de transformación.

Cuestionamientos que –intencionalidad aparte– pueden ser válidos desde una sociedad acostumbrada a las promesas, la burla y la mentira.

Pero ejemplos de trabajo y victorias hay varios:

Durante este año, una de las luchas más importantes para las mujeres del estado de Guerrero fue la que puso freno a la aspiración de Félix Salgado Macedonio para la gubernatura de la entidad. Gracias a la presión de organizaciones como la Colectiva Nacional Feminista, tanto las voces de las víctimas como la presión para las investigaciones cobraron una fuerza que de otro modo no se hubiera logrado.

Mujeres vulnerables que denunciaron un acto de abuso por parte de un hombre que, hasta la fecha, sigue sin dar la cara ante las víctimas con el pretexto del supuesto intento de complot para truncar su interés por la máxima silla del estado de Guerrero.

Otro ejemplo de este mes, fue el surgimiento del colectivo #PoderPrieto y la fuerza que están tomando sus voces en el debate público gracias a la representación de actores y personalidades del espectáculo.

La discusión abierta sobre la desigualdad, discriminación y abuso que sufren las personas con piel morena, les ha valido hasta el momento una ola de críticas por parte de sectores incapaces de cuestionar los privilegios de tener la piel blanca o clara en un país como el nuestro. 

Organizaciones como estas, que se nutren de la experiencia particular, que replican los testimonios de las víctimas y se fortalecen tanto en el entendimiento de las estrategias legales como del ejercicio de la protesta hay en cada rincón del país. Y al analizarlas, escuchar sus causas y apoyar en la medida de lo posible sus proyectos contribuimos a que la toma de decisiones se democratice.

Desde la ONEA, no sólo ha sido importante servir de escaparate para impulsar muchas de estas voces, sino que el simple ejercicio de formar parte de una red de luchas y causas nos hermanan en el ideal de la construcción de un México más transparente, equitativo y justo. 

Una máxima de la filosofía es que el ser humano es un animal esencialmente social. Y cuando se trata de la defensa de sus derechos humanos, la búsqueda de justicia o la discusión de fenómenos de interés, las organizaciones de la sociedad civil se manifiestan como terreno fértil. Trincheras donde se combate a la maquinaria del Estado con estrategia y determinación. 

¿Quién las necesita?, pienso en la clase política en primer lugar. Y no como trampolines para impulsar la popularidad o legitimar aspiraciones particulares, sino como aliados en la defensa de fenómenos relevantes. Un trabajo a la par, que respete y haga valer las voces de todos aquellos que le dan sentido a las causas en común.

Sólo desde la sociedad civil se pueden conseguir los cambios que nuestro país necesita.

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A nuestros presidente Carlos:

Descanso eterno y gratitud por la confianza. Que su legado se mantenga a través del amor de su familia y de los valores depositados en proyectos como ONEA México.