Por Patricia San Juan

Esta semana Kamala Harris, vicepresidenta de Estados Unidos, salió de su país para visitar dos naciones importantes para el tránsito de migrantes, Guatemala y México.

Por ellos pasan los habitantes del triángulo norte de Centroamérica que pretenden migrar para conseguir el sueño americano, ese que nos han vendido en todas las series posibles. Estados Unidos, en la pantalla, es un lugar donde uno puede vivir una vida tranquila, en un trabajo fabuloso y con una casa enorme, a la que se puede acceder a un High School y si se trabaja duro, como se piensa hacer, los hijos llegan a una prestigiosa universidad.

Esa imagen, que se contradice con la que vemos al enfrentarnos a la realidad cotidiana de América Latina, impulsa la ilusión de salir y alcanzar los sueños, pero cuando en tu país no hay otro horizonte que la violencia y el miedo las ilusiones se fortalecen hasta impulsar a las personas a enfrentarse a toda clase de peligros, hambre, escenarios duros como el de montar La Bestia, cruzar ciudades, selvas y desiertos con tal de tener una vida mejor.

En su visita a Guatemala, Harris pidió a los guatemaltecos (y por supuesto al resto de latinoamericanos) que no crucen, que no viajen, que no migren de forma “ilegal” porque serán devueltos a sus tierras, en Estados Unidos se seguirán “fortaleciendo sus leyes y fortificando sus fronteras” y aseguró que una de sus prioridades es desincentivar la migración ilegal.

Esto tiene sentido en la lógica de la política estadounidense que ha rechazado cada vez de formas más duras a los migrantes. Entre otras, ha dado dinero para que México refuerce sus fronteras y, aún cuando son grabados por periodistas, los agentes de la Guardia Nacional persiguen a los centroamericanos y les impiden de forma violenta ingresar a México, pero no coincide con las posturas como oposición de Harris y Biden en el pasado.

El discurso de la vicepresidenta para pedir que no viajen a su país fue criticado por algunos de los integrantes del congreso y militantes demócratas, aunque de una facción más cercana a la izquierda de la que milita Harris, como Alexandria Ocasio-Cortez.

La joven representante recordó que buscar asilo en cualquier lugar de la frontera es legal pero sobre todo que Estados Unidos no debe ignorar cómo ha contribuido a desestabilizar la región con intromisiones en la política de los países y sus decisiones.

La analogía que utilizó fue “no podemos incendiar la casa de alguien y luego culparlo por huir”.

Mientras tanto desde la administración Biden se afirma que se otorgarán recursos a América Latina para evitar la migración, lo cual no parecería negativo, pues se piensa reforzar el campo, la lucha contra la corrupción, la identificación de cuerpos en el ámbito forense, la educación y la seguridad.

Aunque en el pasado ya se han implementado ciertas estrategias como el Plan Mérida, que en México acompañó la llamada “guerra contra el narco” y que hoy sabemos que no nos dio los mejores resultados, así que se espera lo mejor pero no se duda que no tenga la conclusión esperada.

No es lo mismo una campaña que gobernar

Es común que en la campaña se construyan ilusiones y promesas que parecen difíciles de cumplir, pero Biden ya sabía lo que era estar en una administración, no olvidemos que fue vicepresidente de Barack Obama, sin embargo puso en bandeja de plata un mejor futuro para los migrantes.

Por lo mismo, parece irónico que quien ahora pide detener la migración fuera la que más utilizara su historia personal como hija de migrantes para empatizar con los votantes, sobre todo con los hispanos que son la “minoría” con mayor presencia en el electorado.

De acuerdo con el Pew Research Center para 2020, año de la elección, los hispanos sumaban el 13 por ciento de los votantes del país, seguidos por los afrodescendientes, con un 12.5 por ciento.

En lo que respecta sólo a los inmigrantes no blancos, para 2020 ya llegaba a un 33 por ciento, pero ya que los votantes elegibles latinos tenían baja participación por tendencia, los esfuerzos se concentraron en animarlos a votar por los demócratas.

El 8 de diciembre de 2020, a poco más de un mes de ser elegida en la fórmula ganadora, Kamala Harris decía: “a las personas que huyen de la persecución se les ha negado la posibilidad de siquiera solicitar refugio”, con referencia a las políticas de Donald Trump ante los flujos migratorios.

Hoy en día el gobierno de Biden continúa aplicando la disposición llamada “título 42” que permite a los agentes migratorios expulsar del país a los migrantes a pesar de que por ley tienen derecho a solicitar asilo.

Las cifras presentadas por la oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos indican que 180 mil migrantes fueron detenidos y deportados en el borde con México en mayo de 2021, la cifra más alta en los últimos cuatro años.

No cabe duda, en el discurso parece más alentadora la acción de los demócratas que del mismo Trump, pero ¿qué pasa en la práctica?¿qué sigue para la administración Biden?¿el muro es tan impenetrable?¿hay oportunidad de ser refugiado?