Por Eduardo Buendía

“Me mataron a mi niño”, son las palabras que expresó Marisol luego de identificar el cuerpo de Brandon Giovanni, su hijo de 13 años que perdió la vida en la caída del metro en la Línea 12.

A Brandon Giovanni y a las otras 24 víctimas mortales no les arrebató la vida un accidente, sino una cadena criminal de corrupción, mala planeación y severos errores en la construcción del trayecto Mixcoac-Tláhuac.

Los responsables de la peor tragedia en el Sistema de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México deben ser investigados y sancionados. Aunque la clásica, repetitiva y seca respuesta de Claudia Sheinbaum ante los medios de comunicación durante la conferencia presidencial del martes hace pensar que, una vez más, harán los peritajes correspondientes, describirán la falla estructural, técnica o humana -de así serlo- y al final habrá justicia parcial o nula. Espero estar en lo incorrecto.

La magnitud de la falla debe ser respondida con el castigo ejemplar de todos los involucrados, solo así la indignación de la ciudadanía podría contenerse. Mientras, ya vemos la fila de funcionarios, exfuncionarios y empresas deslindándose por lo ocurrido.

Por su parte, el presidente Andrés Manuel López Obrador optó por el silencio de nueva cuenta, no emitió juicios para no afectar a dos de sus incondicionales -Ebrard y Sheinbaum-, solo suscribió la versión y postura del gobierno capitalino. ¿Ya se le olvidó cuando exigió la renuncia del titular de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, por el socavón del Paso Exprés en el que dos personas perdieron la vida en 2017? ¿Dónde está ese personaje con carácter que le hablaba al poder de frente y que construyó su figura política predicando la defensa del pueblo? Hoy solo es un holograma…

La negligencia atraviesa tres administraciones que tienen su origen en la misma cepa política a pesar de sus desencuentros: la del hoy canciller Marcelo Ebrard, quien inició la obra; el actual senador del PRD, Miguel Ángel Mancera; y la jefatura de Gobierno de Sheinbaum Pardo.

De esos gobiernos y las empresas encargadas de construir y supervisar la “línea dorada” (Grupo Carso, ICA, Alstom y Systra) deben surgir nombres y apellidos para responder por los vicios ocultos en la obra, la falta de supervisión y de mantenimiento.

Directores del Metro también deben ser interrogados y es el momento para que los operadores dejen al descubierto las condiciones en las que trabajan.

Si algo queda claro es que la Línea 12, desde su inauguración, no cumplía con los estándares mínimos para su funcionamiento, por esa razón permaneció cerrada durante meses para arreglar los desperfectos.

La inconsistencia de los trenes con las vías, el evidente desgaste en trabes y columnas terminaron por desplomar una obra faraónica que seguirá persiguiendo a su primer promotor: Marcelo Ebrard. Esta tragedia no debe repetirse y los culpables deben resarcir el daño a las familias de las decenas de víctimas.

A los responsables: háganse cargo de sus errores, asuman las consecuencias de sus actos y respondan. A la autoridad: investigue y sancione como es debido.

Desde este espacio me sumo a la postura de ONEA México: honramos la memoria de aquellos que se dirigían a sus hogares y no volvieron. Pronta resignación a la familia de las víctimas y pronta recuperación a las personas que siguen en los hospitales.