Por Patricia San Juan

Hoy es uno de esos días donde en el panorama, concretamente en el mar, se ve una imagen diferente, una historia que no cansa, sino que ilusiona, pues en una embarcación se van los representantes de una lucha que cambió a México y lo sigue cambiando.

El 3 de mayo sale de puerto “La montaña”, un barco que lleva a siete integrantes del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y los arrulla o los empuja en las aguas del Atlántico Norte a Europa, a contar de su lucha, de sus esfuerzos, de todo eso que han pasado para que tengan “un mundo en el que quepan muchos mundos”.

Ya pasaron 27 años desde que nació el movimiento. Aquellos que vivieron su primera infancia escuchando del SubMarcos, ahora Galeano, como una leyenda viva ya son adultos y el mundo cambió mucho pero no tanto.

Ellos zarpan para hablar con pueblos distintos, las resistencias que se encuentran en Europa, donde tienen una cita dentro de 6 u 8 semanas, para “recordarle(s) que no es uno el color de la tierra, sino muchos,” como mencionan los comunicados donde abordan esta proeza.

Aunque son más de 20 años desde que su lucha empezó en Chiapas y más 500 desde que los españoles llegaron al territorio, en México los pueblos indígenas aún tienen que resistir. Se oponen a las empresas, del Estado y privadas, para evitar que se construyan en sus tierras esos megaproyectos que matan a la naturaleza.

Soportan contra el Proyecto Integral Morelos, que incluye la termoeléctrica de Huexca; contra el uso de las tierras comunales para imponer parques eólicos, como ocurre en La Ventosa; que se contaminen las aguas, como denuncian en el río Sonora; continúan con la defensa en Cherán; resisten ante las mineras y protegen los espacios de la selva de la construcción del Tren Maya, que altera al ecosistema.

De igual manera defienden al maíz de la invasión transgénica, a la tierra de la construcción de más cuarteles de la Guardia Nacional y al mar y los ríos de los deshechos industriales.

Sin embargo, en nuestros días la representación indígena sigue siendo baja en las Cámaras, la discriminación continúa, mientras que desde los pueblos y las comunidades son claros con sus demandas y sus luchas.

En México tenemos muchos pueblos, muchas historias, muchas naciones y mucho por cambiar. Deben parar los asesinatos y el acoso a los defensores de la tierra, a los líderes sociales, a las personas que alzan la voz y hacen un llamado para que se preste atención a esas partes del país en las que no hay grandes ciudades o que están encapsuladas por las mismas.

Con este catalejo seguiremos la ruta del barco que hace el camino contrario que se realizó en la conquista, mientras honra a Ixchel, de la cultura maya, quien se tendió sobre el mundo en forma de arcoíris.