Por Rafael Arias

Increíble que, hasta hoy, su presencia e influencia no se entienda y atienda bien y mejor, tanto oportuna, como permanente.

¿La corrupción es obligación o  elección?

Prevalece y se fortalece, ¿por urgencia y sobrevivencia, o por dedicación o negocio? ¿Se debe ignorar o enfrentar; evitar o aceptar?

Epidemia y  pandemia, a la vez, se ubica entre síndrome y malformación; que incluso es cuestionada y hasta señalada, despectiva y  cómodamente, como forma de expresión y comportamiento humano, como  característica mexicana cultural propia y singular, aunque no exclusiva.

Un hecho indiscutible (que nunca hay que olvidar, ni minimizar) es que, los que están, y más los se van, todos sin excepción, como servidores públicos que son,  deben entregar y rendir cuentas; y  también, ineludiblemente deben ser fiscalizados y evaluados. No hacerlo, no exigirlo simplemente justifica o complica la ineficiencia y hasta la delincuencia, ocasionadas y presentes.

Imposible ocultar, minimizar o negar el tamaño del daño que causan ineptos y corruptos. En particular, el conocido y padecido uso y abuso, disposición y apropiación personal, ilegal o indebida, de recursos públicos, que ocasiona daño patrimonial y saqueo criminal. Esto y más, hace que el mal sea social, empresarial, familiar o individual.

Afectaciones, que por costumbre abarcan a demasiados, que no saben, ni denuncian por ignorancia, temor o conformismo. Múltiples conocidos y sobresalientes casos y ejemplos de malversación y apropiación que alcanzan millones y  millones de pesos. Casos, que no se atienden con efectividad, y por tanto no se denuncian ni persiguen, y si lo hacen poco o nada logran sancionar y recuperar. Alcanzando hasta la Universidad Pública, con sus estafas y corruptelas.

Imponiéndose, en general,  injusticia, arbitrariedad y despojo.

Oportuno el señalamiento que hace, el prestigiado Edgardo Buscaglia, sobre la posición de cada país en la perspectiva mundial: “con o sin #COVID19, más #corrupción siempre causa más muertes. Pero aquí tienen más evidencia sobre cuantas más y más  muertes son causadas por mas corrupción durante estos tiempos de #pandemia.”

https://www.gzeromedia.com/the-graphic-truth-where-corruption-is-rising-falling .

La corrupción, se relaciona, en buena medida,  con la función pervertida de las estructuras oficiales y sus encargados, que simple y sencillamente violan o se apartan, de leyes y normas de operación. Llegándose incluso por oportunismo y ventajosa aceptación, a establecer “la mordida”, una  indebida cuota o contribución, que se hace costumbre y hasta obligación,  para conseguir permiso o autorización.

Desde 1975, reconocidos académicos, como Dalmacio Negro Pavón, señalaron que: “ los regímenes contemporáneos tienden a combinar sabiamente la corrupción y el terror en una  suerte de despotismo oculto, de manera que el grado en que predomina una u otro, permite establecer distinciones todavía más sutiles.”

En México, la atención gubernamental se inicia propiamente en el sexenio de “la renovación moral” 1982-1988, en forma retórica o discursiva. Siendo hasta el siglo XXI, cuando se asumen algunas transformaciones jurídicas, institucionales y estructurales, también más declarativas que efectivas. 

El problema persiste y complica. La realidad reclama,   acciones verdaderas y efectivas. La corrupción, es a la vez, cuestión simple y compleja, fácil y difícil, multidimensional y transversal, a diversos aspectos del comportamiento individual y social.

A propósito. ¿Dónde están los irresponsables, cómplices y culpables,  miembros del Poder Legislativos y los encargados de Órganos Autónomos,  que no cumplen pero si cobran, consumen y disponen del presupuesto oficial? 

PARA ENTENDER LA CORRUPCIÓN MEXICANA

Iván Gidi Blanchet, Yered Figueroa Oliva, y Juan José Llanes Gil Del Ángel.  Destacados profesionales, conjuntaron esfuerzos para hacer realidad una investigación singular,  sobre la corrupción, como tema central; a través de un enfoque orientado a despertar y fortalecer el interés ciudadano y social.

Entre otras, se abordan cuestiones como el de la definición más apropiada; los indicadores e instrumentos de medición; ¿en dónde está la corrupción?; ¿cómo combatir la corrupción?; y algunas conclusiones, a partir de la innegable presencia e influencia en la vida diaria.

Al respecto,  la Organización Nacional Anticorrupción (ONEA) y el Instituto Literario de Veracruz (ILV), han puesto en circulación, una singular publicación que,  se suma al necesario y urgente esfuerzo, de atender un fenómeno característico de la sociedad  mexicana, que lo vive y padece, reproduce y fortalece.

En la presentación de esta publicación, Carlos Gidi Blanchet resume y destaca que: “Identificar y sancionar hechos de corrupción en México ha ameritado un proceso difuso, plagado de controversias, intereses políticos y, sin duda, forzado desde la sociedad civil.”

Leer, Para entender la corrupción mexicana, facilita apreciar, entre otros aspectos, que  la corrupción no se da sola o aislada; y que, la impunidad le propicia y apoya, protege y fomenta.

Sobresale, repetida evidencia,  del uso y abuso de la representación pública, gubernamental, empresarial, familiar o personal: del secretismo, la opacidad, las distracción y manipulación de la información.

Pertinente y urgente  señalar sus alcances, formas de expresión influencias y consecuencias. Resaltar la conveniencia de identificarlas, para definir y actualizar, los tipos de delitos, formas de denuncia y consecución de la respectiva sanción  y recuperación, parcial o total, de daños causados.   

Este tipo de lecturas, alienta analizar y comentar, debatir y criticar estos temas; y además permite apreciar, la imperiosa necesidad de que ciudadanía y sociedad, asuman y vigoricen sus responsabilidades, frente a un problema ancestral que crece, se diversifica y fortalece.

Inaceptables pasividad, desinterés e irresponsabilidad. No a complacencia y complicidad. Se debe prever lo previsible, atender lo que se soporta, y reconocer  crisis y problemas que se padecen. Preciso señalar  limitaciones y sacrificios crecientes. Informarse y leer.

Iván, Yered y Juan José, concluyen: “sigámonos informándonos, opinando, cuestionando y denunciando si nos es posible, todo acto en el que se viole la ley en busca de provecho; sigamos oponiéndonos a todo acto de corrupción.”

Y cuando despertó, la corrupción seguía ahí. En la sociedad que decía y dice, repetía y repite: y hasta asegura, que no la tiene ni padece; o que, la combate, reduce o erradica. El problema es que, contra todo lo que los gobiernos repiten, la corrupción existe, crece, se diversifica  y  fortalece. Impunidad, ignorancia y desinterés social la fomentan y protegen.

-Académico.IIESESUV. [email protected],Facebook:VeracruzHoydeRafaelAriasH