Por: Juan Pablo Nápoles, Primer Visitador General de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Veracruz

Hace unos días se celebraron los diez años de una reforma a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que establece que en nuestro país todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en ella y en los tratados internacionales firmados por México. Este cambio obliga a todas las autoridades a promover, respetar y garantizar estos derechos, favoreciendo en todo momento la protección más amplia de las personas.

Desde entonces, abogados, jueces, juristas, legisladores y políticos; es decir, gente que tiene amplios conocimientos de derecho, habla a diestra y siniestra sobre violaciones a derechos humanos, progresividad, cambio de paradigma, rango constitucional y demás conceptos que no a todo mundo le son familiares.

Pero… ¿qué rayos son los derechos humanos?

Como regalo de aniversario a la reforma constitucional del 2011, trataremos de explicar qué son los derechos humanos y qué podemos hacer con ellos.

Todos sabemos que, a lo largo de la historia de la humanidad, la ciencia del derecho ha desarrollado diferentes sistemas jurídicos a través de los cuales los países (Estados) han buscado, de mejor o peor manera, gobernar estableciendo un orden en la sociedad. Este conjunto de reglas, normas o pautas incluyen también a quienes nos gobiernan, pues en el ejercicio del poder se comenten errores —y horrores— que lastiman a la colectividad.

Ante esas injusticias, realizadas por quienes se supone deberían cuidarnos, se generaron luchas sociales que, de una forma u otra, terminaron construyendo, o reconociendo, lo que ahora denominamos: `derechos humanos’. Podríamos establecer así, que la Declaración Universal de los Derechos Humanos (ONU, 1948), producto del caos en el que se vio inmerso el mundo con la Segunda Guerra Mundial, es el antecedente moderno generalmente aceptado de los derechos humanos.

Conceptos legales y doctrinarios hay muchos. Pero diremos aquí que los derechos humanos son el fundamento de todas las normas, los cimientos de las leyes, los derechos mínimos que nadie puede —debería— negarnos; que nos pertenecen sólo por el hecho de ser personas, sin importar nuestra nacionalidad, raza, religión, ideología política o equipo de fútbol, y que nos permiten desarrollarnos plenamente como seres humanos.

El derecho a la vida, la libertad, la integridad personal, la igualdad y no discriminación, la libertad de expresión; el derecho a la salud, la educación y el trabajo; gozar de un medio ambiente sano y la libre determinación de los pueblos son sólo algunos de los derechos humanos. Estos simples enunciados son el punto de partida para que, mediante un sinnúmero de leyes y reglamentos, se especifique cómo podemos ejercerlos y cómo deben actuar las autoridades al respecto. Es decir, para que el Estado pueda afectar legalmente nuestra integridad (con el uso de la fuerza) o restringirnos la libertad (si somos detenidos, por ejemplo), existen muchas reglas que, de no cumplirse, estaríamos frente a una violación de nuestros derechos humanos.

Lo anterior permite que, como ya dijimos, aquellos que ostentan el poder encuentren límites en su actuar y obligaciones mínimas que deben cumplir; y que aquellos que somos gobernados tengamos en común una serie de derechos que podemos reclamar sin distinción.

Los derechos humanos tienen en común cuatro principios: universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. Esto significa que son para todos, que se relacionan entre sí y que, por lo tanto, no pueden separarse unos de otros. Y para su cumplimiento, nunca deberá darse marcha atrás a los beneficios alcanzados.

Así, en un mundo como el de hoy, en el que sufrimos desigualdad, opresión, corrupción y abuso de poder por parte de nuestros semejantes y quienes nos gobiernan, estar conscientes de que tenemos un cúmulo de derechos a través de los cuales podemos defendernos, además de saber cuáles son y quiénes pueden ayudarnos a defenderlos, se vuelve imprescindible para desarrollarnos como individuos de forma plena, pues tendremos la certeza de que si sufrimos alguna violación a estos derechos, el daño será reparado.

Los derechos humanos son, pues, los derechos de la gente, los derechos que todas y todos tenemos. Conozcámoslos, ejerzámoslos, difundámoslos, sigamos luchando por ellos. En la medida en que lo consigamos, dejarán de ser uno de esos temas lejanos y confusos y se convertirán en algo que todos entendamos, ejerzamos y practiquemos con cotidianeidad.