#LaPlumaTerca – Dos años después, el mismo infierno | ONEA

Por Eduardo Buendía

El Gobierno federal presume que se detuvo la tendencia al alza en los homicidios dolosos, sin embargo, la realidad es que México sigue presentando cifras como si fuera un país en guerra.

La promesa de pacificar a la nación no se ha cumplido y si por algo se caracteriza su estrategia para combatir la violencia e inseguridad es porque no ha funcionado como se esperaba.

A finales de enero, Rosa Icela Rodríguez, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, mostró que en 2020 hubo una reducción de 0.4 por ciento en los homicidios dolosos en comparación con 2019. Es decir, que el índice de asesinatos simplemente se mantuvo.

Mientras en 2020 hubo 34 mil 515 asesinatos, el año anterior fueron 34 mil 648. A esto hay que sumarle la violencia feminicida la cual tampoco dio tregua, ya que el año pasado hubo 969 feminicidios, un caso más que en 2019 -cuando la autoridad registró 968 víctimas.

De acuerdo con los reportes de fiscalías estatales y autoridades federales que se presentan en las reuniones diarias del Gabinete de Seguridad, en enero de 2021 hubo 2 mil 379 asesinatos, tres casos más que en el mismo periodo de 2020, un dato que indica que las cosas no siguen el mejor camino.

Además de que los números se estampan en la frente de todas las autoridades encargadas de resolver el problema de la inseguridad y la violencia, ninguno ha reparado en modificar la estrategia.

Las reuniones de todos los días no surten un efecto positivo en revertir el alto índice de asesinatos, tampoco la creación de la Guardia Nacional ni los programas sociales. Por supuesto que es bien visto que el gobierno, que se autonombra como “la cuarta transformación”, pretenda desmontar las estructuras de violencia mediante el apoyo a los más desfavorecidos, pero eso llevará tiempo y la urgencia, lo que exigen miles de familias es que la inseguridad en sus comunidades se frene de inmediato.

Si se tratase de un examen, los registros de asesinatos durante los primeros años de la administración de Andrés Manuel López Obrador superan por mucho a las de sus antecesores Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón. Sí, la violencia fue un problema heredado, pero no se ha resuelto y mucha de la confianza otorgada al tabasqueño en las urnas en 2018 fue por la esperanza de un mejor país, sin tanta sangre.

Aunado a la falta de acción, el Gobierno federal se hace el sordo a las recomendaciones de especialistas y organizaciones de la sociedad civil como Semáforo Delictivo o el Observatorio Nacional Ciudadano, que consideran que la regulación de las drogas puede quitarle el control de este mercado negro a los cárteles y así debilitarlos. Hay que recordar que entre el 70 y 80 por ciento de los asesinatos cometidos en el territorio se relacionan con la delincuencia organizada.

Y, en el caso de la violencia familiar o feminicida, organizaciones como la Red Nacional de Refugios llevan meses alzando la voz exigiendo que se garantice protección a las mujeres para que dejen de ser agredidas incluso por sus propias parejas. Si una lección dejó la pandemia en esta materia es que muchas viven con el enemigo en casa, en cambio, López Obrador y Morena retiraron los recursos para estas redes de cuidado.

Rosa Icela Rodríguez hizo su reaparición el 31 de diciembre de 2020 después de superar la COVID-19. Ese día, tomó el cargo de secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana en sustitución de Alfonso Durazo, quien tras muy pocos resultados en el puesto decidió dejarlo para buscar la gubernatura de su natal Sonora.

Rodríguez expresó, después de enlistar los puntos de la Estrategia Nacional de Seguridad, que “hay esperanza para la ciudadanía, por fortuna, porque en estos dos años ya se sentaron las bases firmes para el cambio”.

Tomando como inicio sus propios dichos considero que la esperanza ya se acabó. En este tercer año de gobierno la administración obradorista deberá demostrar que se lo está tomando en serio y que la violencia va a solucionarse. Si no, la recomendación es que dejen espacio a la autocrítica, a un lado la soberbia y acepten cambiar una estrategia que a dos años es un fracaso porque seguimos viviendo en el mismo infierno.