#AltoContraste – Polarización: la llave del 2021 | ONEA

Por Salvador Vega

Con la pandemia, así como con prácticamente cualquier tema incrustado en la agenda nacional existen dos caminos en la actualidad: respaldar la postura oficial y acciones del Gobierno federal o ir en contracorriente del mismo.

Sin espacio para medias tintas, el panorama político de este naciente 2021 dejó fuera el apego a las ideologías, el sentido crítico y el espacio para la interlocución.

Un tablero en el que, para jugar, la consigna principal es marcar una línea divisoria y no moverse de la posición; militar y defender al régimen de los ataques incesantes de una oposición conformada –de forma ambigua e inexacta– por el concepto de “todos los demás”.

Estas percepciones, las cuales deberían quedarse aisladas en la frontera del simplismo y del absurdo, se posicionan en el centro de nuestra realidad a través de un fenómeno político que está ganando fuerza en la configuración de las democracias occidentales: la polarización.

De acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés), este fenómeno tuvo un crecimiento significativo en nuestro continente, y se incuba de manera distintiva en regiones en donde la violencia, la brecha de la desigualdad y los reacomodos abruptos en las esferas políticas tradicionales se hacen más evidentes.

Durante 2020, este fenómeno se hizo presente en Estados Unidos, país en donde la violencia racial acentuó una división social. Una brecha que quedó de manifiesto en el resultado de las elecciones del mes de noviembre: una de las contiendas más cerradas en la historia del país del norte.

En México, la polarización no sólo comenzó su escalada a la par de la transición de gobierno en 2018, sino que se presenta desde ahora como la principal herramienta de influencia de cara al proceso electoral del próximo 6 de junio; la elección más grande en la historia de nuestro país, con la renovación íntegra de la Cámara de Diputados y 15 gubernaturas en juego.

Un total de 21 mil 383 cargos públicos que se disputarán en la contienda más dividida desde 2006, en la que la ciudadanía tendrá que debatirse entre las visiones extremas de las alianzas inéditas de las fuerzas políticas del país.

Negación vs desesperación

El 22 de diciembre se concretó la alianza Va por México. La unión de los partidos PRD, PRI y PAN en una coalición que tiene como propósito principal restarle influencia al presidente Andrés Manuel López Obrador en la Cámara baja.

Esta alianza, que rompe con los cimientos ideológicos y agendas entre las corrientes políticas que la conforman, no resulta menos contradictoria que su bloque antagónico, conformado por el Partido Verde, el Partido del Trabajo y el bloque mayoritario de Morena, quienes en conjunto con el renombrado Partido Encuentro Solidario en algunas regiones del país, buscarán ganar el voto con el propósito de seguir alimentando la maquinaria de la 4T.

Una pelea entre dos perspectivas de nación, tan alejadas de la realidad una de otra.

Por un lado la visión del régimen, que mantiene la firme idea de que el país avanza y se destierra a la corrupción –la principal promesa de la Cuarta Transformación– al mismo tiempo que se genera crecimiento económico gracias a las políticas de austeridad.

Afirmaciones hechas cada mañana por el titular del Ejecutivo, que carecen de respaldo y evidencias reales que les den sustento.

La estrategia de hacer oídos sordos ante la realidad es tan evidente que no pasa desapercibida para la mirada internacional. En un artículo publicado el pasado 30 de diciembre en la revista de la Asociación Médica Británica (BMJ), se calificó el esfuerzo de control de la pandemia en México como desastroso.

En el análisis del medio especializado en divulgación científica –ajeno a cualquier agenda o interés nacional y cuyas afirmaciones se respaldan en información oficial– , se estableció como factor fundamental del fallo la postura “negacionista” del Gobierno federal ante la gravedad de la emergencia sanitaria.

Desde la óptica internacional, la reacción de las autoridades mexicanas fue tardía, caracterizada por episodios de contradicción institucional y fallas en los datos brindados por el propio gobierno.

De esta forma, para el proceso electoral que se avecina en nuestro país, nos espera un choque entre la estrategia de negar la realidad contra un amalgama de facciones que han sido omisas ante la misma; partidos que han contado en individual con la confianza del electorado y cuya falta de resultados contribuyó a expandir la brecha de la desigualdad y el encono en la sociedad contemporánea.

Este próximo 6 de junio, la polarización estará al servicio del poder –en cualquiera de sus dos presentaciones– desplazando como es costumbre las verdaderas necesidades del pueblo.