Autoritarismo en México: una corriente en crecimiento | ONEA

Foto: Sol de México

Por: Tamara Gidi

El surgimiento de una segunda oleada de gobiernos de corte autoritario eleva la preocupación de toda América Latina. Desde el siglo pasado, la región se ha visto sumergida en una grave crisis democrática, que se refleja en la llegada al poder de un número cada vez mayor de mandatarios con tendencias hegemónicas.

Un fenómeno del que México no está exento y cuya influencia sigue penetrando en el estilo de gobierno y la configuración de políticas públicas en nuestro país.


De acuerdo con el catedrático de la Universidad de Salamanca, Manuel Alcántara, la fatiga democrática, el deterioro institucional y la frustración generalizada hacia la administración pública configuran síntomas inequívocos de afecciones en la política de nuestro continente, que permiten la aparición de figuras con perfiles reaccionarios ante el orden constitucional.

Estos escenarios pudieron observarse con claridad bajo los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela; Daniel Ortega en Nicaragua, Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia. De aquella ola, sólo permanecen en la actualidad Maduro y Ortega. Pero la influencia de las corrientes ideológicas que los llevaron al poder se mantienen intactas.

Actualmente, el foco de atención de la comunidad internacional se ha volcado sobre las administraciones de Jair Bolsonaro en Brasil, Nayib Bukele en El Salvador y en el gobierno del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

Líderes políticos con agendas, ideologías y contextos sociales dispares, pero que guardan similitud en el estilo de gobernanza unilateral y en la búsqueda constante de centralizar la toma de decisiones.

AMLO: Liderazgo entre críticas

Desde el inicio de su carrera política y hasta su segundo año como titular del Ejecutivo, López Obrador ha sido objeto de análisis por la prensa nacional e internacional, quienes han definido su perfil como un líder con una tendencia hacia el autoritarismo en su toma de decisiones. Entre los medios de comunicación y organizaciones que han expuesto las acciones del mandatario, destacan: la Organización de las Naciones Unidas (ONU), The New York Times, The Financial Times, The Washington Post y The Washington Office on Latin America.

A nivel interno: la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), el Observatorio Nacional Ciudadano, Proceso, Reforma y El Universal. Medios y organizaciones que en consecuencia han recibido la réplica del mandatario nacional, quien ha calificado abiertamente a los críticos, periodistas e investigadores como opositores.

La inflexibilidad de López Obrador y su postura de confrontación ante los señalamientos, ha propiciado un incremento de la polarización política y social a escala nacional.

Una posición defensiva más que conciliadora, en donde el objetivo se concentra en consolidar un proyecto de nación que parte de la visión individual. Un fenómeno que incrementa las dudas razonables sobre su apego a las prácticas de carácter unilateral.

¿Qué es un autócrata moderno?

A diferencia de las dictaduras militares surgidas en América Latina durante el siglo XX, los regímenes autoritarios modernos se caracterizan por utilizar una fachada democrática como medio de legitimación. De esta manera, los dirigentes nacionales pueden beneficiarse de la apariencia de la democracia, e implementar de facto medidas regresivas.

En su obra de 1964, el politólogo español Juan J. Linz define algunas características compartidas por los gobiernos autoritarios, entre ellas: el pluralismo político limitado; la legitimación por la vía emocional o carismática; el establecimiento de límites inexactos al poder del ejecutivo; la inobservancia del estado de derecho; un fortalecimiento de la presencia militar; la ausencia de una ideología oficial, y el apoyo selectivo a grupos de interés.

La identificación de los rasgos psicológicos comunes se debe al filósofo alemán Theodor Adorno, quien delimitó la personalidad autoritaria como aquella que presenta “rigidez mental normada por convencionalismos, estereotipos y prejuicios; agresividad hacia lo que no se ajusta a su estrecha visión del mundo, exigencia de obediencia ciega y hostilidad ante los que se niegan a someterse; intolerancia, cinismo, egocentrismo y megalomanía”.

Bajo la lupa

Pluralismo político limitado

El rechazo del Presidente por la heterogeneidad ideológica, política y social es palpable. López Obrador se ha situado a sí mismo sobre los intereses organizados, convirtiéndose en la encarnación del movimiento que denominó la Cuarta Transformación del país. Desde esta concepción, cualquier opinión que se contraponga a su visión es inmediatamente desestimada por el propio mandatario; tildada de «conservadora», «neoliberal» o de favorecer los intereses de la oposición y la llamada «mafia del poder» .

De acuerdo con un texto publicado por el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Ámsterdam, la finalidad de la anulación del pluralismo político es el sabotaje de la rendición de cuentas; lo cual, se logra principalmente por medio del debilitamiento de la libertad de expresión y la prensa.

La relación de Andrés Manuel López Obrador con los medios de comunicación ha puesto en alerta a la comunidad académica, la sociedad civil organizada y a múltiples instituciones dedicadas a la defensa y vigilancia de los derechos humanos. Recientemente, organizaciones como Artículo 19 y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) criticaron la constante estigmatización del trabajo periodístico desde la tribuna presidencial.

“Señor Presidente, hemos documentado que, lamentablemente, el discurso estigmatizante a medios y periodistas se ha replicado tanto a nivel estatal como municipal, generando contextos en que las declaraciones contrarias al periodismo son la política de comunicación de distintos funcionarios públicos”, suscribieron Reporteros Sin Fronteras, Artículo 19 y el Comité para la Protección de Periodistas este 22 de octubre. .

A su vez, personalidades como el ministro en retiro José Ramón Cossío Díaz han señalado que la polarización ocasionada por este tipo de descalificaciones públicas compromete el ejercicio irrestricto de la libertad de expresión, y genera una situación de riesgo para las y los periodistas.

Para la presidenta de la asociación civil Causa en Común, la intención del titular del ejecutivo de debilitar el sistema de contrapesos en favor de un proyecto unipersonal y autoritario resulta evidente. Un claro ejemplo es la intervención de la voluntad presidencial en la configuración y ejercicio de los demás poderes constitucionales -y organismos autónomos nacionales-, posible gracias a la posesión de la mayoría legislativa.

De igual forma, destaca la persistente desestimación de los reclamos sociales relacionados con el aumento de la violencia de género, el deterioro de la seguridad pública y los posibles casos de corrupción detectados dentro de su administración. Bajo la consigna “yo tengo otros datos”, Andrés Manuel López Obrador no sólo cuestiona la legitimidad de las acusaciones realizadas en contra de su gobierno, sino que las ridiculiza al calificarlas abiertamente de faltas de profesionalismo e independencia.

Legitimación por la vía emocional

La teoría sociológica del filósofo alemán Max Weber puntualiza que las relaciones con líderes carismáticos se forjan en el núcleo de las crisis sociales. De esta manera, la ineficacia de las democracias modernas para atender las necesidades más urgentes de la población mediante políticas eficientes en salud, educación y seguridad pública, ha abierto la puerta a la aparición de caudillos modernos.

Un estudio publicado por el Departamento de Asuntos Internacionales de la Universidad de Columbia destacó que, a diferencia de las dictaduras militares, los gobiernos autoritarios modernos se distinguen por tener un surgimiento y fachada democráticos, que fungen como excusa para que sus líderes acaparen paulatinamente el poder.

Entre las características de personalidad compartidas por los jefes de estado de los distintos gobiernos autoritarios, Theodor Adorno destaca: la adhesión rígida e irracional a valores tradicionales; la solicitud de sumisión ciega ante la autoridad; la agresión contra todo aquello que se contraponga a sus ideales; el pensamiento bajo estereotipos y supersticiones y el carácter cínico y destructivo.

Estas tendencias autoritarias pueden identificarse en distintos gobernantes contemporáneos, desde Nayib Bukele y Jair Bolsonaro en América Latina hasta hasta Donald Trump en el norte del continente. Para el caso de Andrés Manuel López Obrador no ha sido la excepción, pues las actitudes desplegadas por el mandatario mexicano han sido, además de fuertemente criticadas, catalogadas como profundamente arbitrarias y antidemocráticas.

Las expresiones del presidente en referencia a la lealtad de su proyecto gubernamental, sus señalamientos en contra del Instituto Nacional Electoral (INE), sus constantes desencuentros con los medios de comunicación y la solicitud del voto popular para enjuiciar a sus predecesores derivaron en la publicación de un artículo en octubre de este año, a través del cual el periódico británico The Financial Times calificó a Andrés Manuel López Obrador como el nuevo hombre autoritario de América.

Asimismo, la implementación de políticas como la desaparición de subsidios y fondos para la protección de grupos históricamente vulnerables y la reducción del presupuesto asignado a organismos autónomos encargados de la procuración de justicia y la vigilancia de los derechos humanos, son más ejemplos de un comportamiento visiblemente unilateral por parte del jefe de estado mexicano, que genera consternación en la comunidad académica y la sociedad civil organizada.

Inobservancia del estado de derecho

Andrés Manuel López Obrador se ha caracterizado por la discrecionalidad con la que ejerce el poder público, que genera una tensión permanente entre el cuerpo jurídico vigente y su voluntad de cambio. A pesar de privilegiar evidentemente la vía administrativa, a dos años de su gobierno se han expedido diversos decretos de reformas constitucionales.

Entre las propuestas de reforma legislativa más controversiales, se encuentra la aplicación de la extinción de dominio; la creación de la Guardia Nacional y la militarización de la seguridad pública; el incremento de las causales de prisión preventiva oficiosa, la revocación de mandato y la consulta popular.

Para el director del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), dichas reformas, vistas en conjunto, conllevan un reforzamiento constitucional de la capacidad punitiva del Estado sin los controles adecuados.

En el mismo sentido, López Ayllón señaló que el presidente de México se ha refugiado en el aliento administrativo cuando la vía constitucional o legislativa le imponen contrapesos, para implementar decisiones políticas unilaterales como las medidas de austeridad republicana, el uso de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública y la abrogación de la reforma educativa de 2013.