#Opinión: Amparos para la corrupción - ONEA

Por Martha Zamarripa


La corrupción se arraigó en México por la sincronía que se fue construyendo entre poder político y económico. Se hicieron jugosos negocios  que derivaron en grandes fortunas. El conflicto de interés convocó a que lo ilegal se permitiera y fuera bien visto entre sus beneficiaros. Pocos, pero poderosos. ¿Cuándo comenzó a incubarse? Es más sencillo enumerar a qué expresidentes no se les conocen historias de corrupción. La riqueza de la mayoría fue legendaria. Miguel Alemán Valdés es muy citado, Carlos Salinas entregó buena parte de los bienes nacionales y todos saben que se enriqueció. Llegaron los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón y amasaron su propia opulencia. La decepción hacia el PAN trajo de regreso al PRI y Enrique Peña Nieto se encargó de que todos vieran a su sexenio como uno de los más corruptos de la historia. Les recordó a los ciudadanos porque se había ido el PRI.

Un sector empresarial privilegiado caminaba de la mano del poder presidencial; nuevos ricos mexicanos iban entrando a la lista de Forbes. Varias veces ha sido “nuestro” el rico más rico del mundo. Se vieron beneficiados de la manga ancha de los políticos que dispusieron de recursos públicos. Condonaron impuestos, entregaron el petróleo, gas, electricidad, minas. No alcanzaron a entregar el litio, porque se descubrió después de que se habían ido.

Nuestros presidentes tuvieron a bien, además de enriquecerse, dilapidar el presupuesto público en enciclomedias, Estelas de Luz.  Y el avión presidencial.

Enrique Peña Nieto consideró que le era indispensable cambiar al “avión presidencial” . Y le encargó que comprara uno nuevo al todavía presidente en funciones Felipe Calderón, quien en busca de impunidad se apresuró a complacer al presidente electo.  México no necesitaba un avión presidencial de 299 millones de dólares. Es tan lujoso y poco práctico, además “personalizado” al gusto de Peña Nieto (impensable encargar uno de serie). Nadie quiere comprarlo. Las ofertas recibidas están por debajo del avalúo de la ONU y de la Secretaría de Hacienda. Pero no se quiere malbaratar. Se desconoce por qué si esas adquisiciones se pagan a plazos, Calderón compró el avión de contado, mediante un préstamo de Banobras.

El  “avión presidencial” TP-01 ha sido comidilla nacional pero se pasa por alto que la onerosa compra proviene de la alianza entre el panista saliente y el priista entrante. ¿81 millones de dólares adicionales para “decorar” al avión? Todo es objeto de cuestionamiento y crítica excepto – lotería – el tema no es la rifa, renta o venta, sino haber despilfarrado 299 millones de dólares. La dilapidación de recursos en un país lleno de carencias es corrupción.

Las “viudas” del viejo régimen no encuentran la salida frente el saneamiento de la vida nacional. El desconsuelo es inocultable. Nadie puede llamarse a sorprendido si en 2018 la oferta de campaña de Andrés Manuel López Obrador fue el combate a la corrupción. Pero también el compromiso de reducir pobreza y desigualdad, derivadas de la corrupción. Desde luego eran y son malas noticias para el pequeño y privilegiado grupo que caminó junto a gobiernos del PRI y del PAN.

López Obrador está en la Presidencia – como lo prometió –  combatiendo la corrupción. En su primer año de gobierno, y estos “no son sus datos”, sino los de “Transparencia Internacional”, México desciende en corrupción y de estar en el lugar 138 se ubica ahora en el 130. En 2019, avanzó ocho lugares como resultado de ese frontal combate contra la corrupción lo que es sorprendente. ¿Pero quién va a decirlo? Sí afecta a ese grupo  de empresarios y políticos del viejo régimen pero también a medios de comunicación. Los privilegios que parecían eternos se les fueron de las manos. El asunto relevante es que México es líder en la estrategia contra la corrupción. Se empieza a notar el cambio de régimen de #AMLO.

Además de la campaña anti AMLO en todas partes, difundida con historias insólitas, falsas fotos y calumnias que se descubren pronto, no han logrado menguar su popularidad, basada en el respaldo de la gente que lo sitúa en el 71% de aprobación. Eso no quieren verlo. Le siguen culpando todavía, desde el gran negocio ido, Texcoco; primero por recibir migrantes y después por regresarlos a sus países de origen. Critican a la Guardia Nacional y trataron de manipular a la opinión pública sobre el desabasto de medicamentos, causado por quienes los ocultaron desde sus monopolios acusando falsamente al gobierno. Exigen resultados inmediatos para abatir la inseguridad con la que sin reclamos convivieron doce años y sin reconocer que la guerra de 2006-2012, trascendió ese sexenio dejando secuelas de una violencia nunca vista en México,

Nuevamente se viene una lluvia de amparos, el enojo es profundo por el combate la corrupción. Los mismos amparados contra la doble facturación lo harán ahora contra el desabasto de medicamentos y contra todo lo que afecte negocios corruptos y ganancias ilícitas. Son amparos a favor de la corrupción.

El “hedor corrupto” al que con pulcra precisión se refirió el académico y politólogo Sergio Aguayo para describir al exgobernador de Coahuila Humberto Moreira, ha estado instalado en el país durante muchas décadas. Los 10 millones de pesos por atreverse a escribir la verdad, sólo confirmaron lo que Aguayo escribió en pleno uso de su derecho a la libertad de expresión.

Pero ese “hedor corrupto”, lo provocan muchos, además de Moreira. Tienen los recursos económicos del “trato” que hicieron el poder político y el poder económico hace muchos años. Entre sus cifras no mencionan a los 53 millones de mexicanos pobres, a quienes despojaron de su parte de la riqueza que les correspondía. Hoy la corrupción en México perdió espacio: tiene ocho lugares menos y el respaldo se afianza en 71%. Datos que les causan escozor. La corrupción y la pobreza no se combaten en un año, hay que aceptarlo. Llevará más tiempo. Pero su gobierno va bien. Nosotros tenemos otros datos. El presidente avanza y está en el camino correcto.

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