#Columna de Iván Gidi: El bono democrático en juego - ONEA

Por Iván Gidi


Con el operativo reconocido como fallido en Culiacán, las decisiones tomadas por quienes están al frente de las fuerzas de seguridad pusieron por primera vez, en vilo, el bono democrático que el presidente Andrés Manuel López Obrador ganó en las urnas el 1 de julio de 2018.

Con nuestro pasado de masacres, fuego y aniquilación, para muchos, el Estado mexicano se comportó de forma cobarde frente a quienes dañan, lastiman y asustan a nuestras familias. Para otros, la aceptación del error cometido y la supresión del derramamiento de sangre, rectifican en parte la labor encomendada.

Sin embargo, es más que evidente que México no comenzó a ser un Estado Fallido las horas en las que se debatía sobre la libertad de Ovidio Guzmán López. México es fallido desde hace mucho tiempo. Incapaz de brindar seguridad, legalidad, justicia y oportunidades a la población.

México ha sido fallido desde que empezaron a saquearlo, a corromperlo, solapando el crimen e incluso poniendo al Estado a su servicio, desde que gobernaban quienes hoy vociferan.

Con el operativo de Culiacán se cometieron errores, fueron admitidos y expuestos públicamente. Las difíciles decisiones que se tuvieron que tomar, tuvieron como base, la filosofía humanista, poner la vida de seres humanos por encima de todo y así evitar un baño de sangre. También lanzan un mensaje contundente sobre el cambio de perspectiva en el combate a la violencia, sin utilizar más violencia.

Hace menos de un año hubo un cambio de régimen que requiere de quienes ganaron humildad para aceptar las críticas y mejorar su funcionamiento, a la par del apoyo de todos para salir adelante.

López Obrador puso en fuego ardiente, el respaldo democrático de más de 30 millones a cambio de las vidas de 35 soldados, cientos más de elementos federales y quizás por miles entre la población civil.

Los que pretenden lucrar políticamente con los hechos de Culiacán son de corta memoria o son presas del resentimiento por haber sido desplazados de la vida pública. Los que hoy claman complicidad o rendición ante los grupos del crimen, son los mismos que pusieron el Estado al servicio de unos cárteles, en detrimento de otros. Son ellos quienes declararon la guerra sin estrategia y sin sentido, para legitimar un gobierno de entraña espuria.

Muchos de ellos han sido cómplices de que el país llegara a este nivel de deterioro, crecidos ante el error, vengativos ante su exilio de esta era, pasaron de ser el águila para comportarse como la serpiente.

El 80% de las armas que vimos este jueves en Culiacán, Los Mochis y El Fuerte, provienen de los Estados Unidos, algunas incluso fueron parte del Operativo Rápido y Furioso. La fortaleza que demostró el grupo delictivo imperante en Sinaloa también proviene de una fallida guerra que los empodero en detrimento de otros grupos delictivos. Ni que hablar del despliegue táctico que significo la retirada y que demostró la verdadera fuerza con la que el narcotráfico ha sabido colarse entre ciudades y pueblos, arrastrando a jóvenes en busca de una vida fácil.

De mi parte, mantengo el voto de confianza en el presidente y le deseo éxito. No hay un afán o interés político detrás de esta declaración, solo el anhelo de que, por fin, mi querido México sea un lugar donde todos podamos vivir en paz y prosperar.

Felipe Calderón avisaba al declararle la guerra al narcotráfico “será una lucha que costará vidas humanas, pero que valdrá la pena…” en realidad, ¿ha valido la pena?

El autor es Director de la Organización Nacional anticorrupción (ONEA)

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