Winckler, víctima de sí mismo - ONEA

ONEA México/Juan José Llanes Gil. 23 de septiembre de 2019. Hace poco más de un año, en una videocolumna que la Organización Nacional Anticorrupción (ONEA) me hizo el favor de difundir, a propósito del resultado de las elecciones de 2018, decía que Miguel Ángel Yunes es un anti-Midas, porque si aquel mítico monarca todo lo que tocaba lo convertía en oro, el exgobernador todo lo que ha tocado para hacerlo valioso lo ha hecho mierda.

El otro anti-Midas es Javier Duarte, que “toca” a Jorge Winckler para volverlo mierda y lo termina haciendo oro, al robustecer la teoría de la gran conspiración en pro de una venganza que reivindique al peor gobernador que ha habido en México. Misión imposible, porque ni aunque nuestro Señor Jesucristo nos pidiera personalmente que perdonemos a Duarte, alcanzaría la disculpa.

También sostuve, en otro momento, que lo que Jorge Winckler padecía era un grave problema de autoestima. Que daba la impresión de que nadie a su alrededor le decía la penosa verdad: que Miguel Ángel Yunes Linares lo usaba para sus propósitos personales; que las únicas lealtades de los Yunes son para quienes se apellidan Yunes Linares y Yunes Márquez; que su papel como agente del yuneslinarismo no era el de justiciero, sino el de eventual moneda de cambio. El elocuente silencio del exgobernador en torno de los huracanes que azotan a Winckler confirma esta teoría.

El deseo del constituyente de la Unión de dar autonomía al Ministerio Público para extirparlo de la esfera de influencia del Poder Ejecutivo, en Veracruz al menos, ha resultado un experimento fallido: los dos únicos Fiscales Generales que ha habido, han terminado defenestrados y con órdenes de aprehensión encima. Resultaron ser tan delincuentes como los delincuentes que decían investigar, y tan poco autónomos como lo eran los procuradores de justicia de la década de los ochenta.

El 16 de diciembre de 2016, a propósito del proceso de designación del nuevo Fiscal General del Estado, e-consulta veracruz (entre otros medios), me hizo el favor de publicar un artículo que titulé: “Autonomía de mentiras. Habemus accusator” (visible aún en http://www.e-veracruz.mx/opinion/2016-12-16/autonomia-de-mentiras-habemus-accusator); en este, sostuve:

“Mientras el titular del Poder Ejecutivo tenga la posibilidad de meter la mano en el proceso de designación del Fiscal General del Estado, la autonomía del Ministerio Público será una farsa. Lo fue con la dupla Bravo-Duarte; lo será con el binomio Winckler-Yunes. La idea de no tener un Fiscal absolutamente subordinado (que, de preferencia, se hinque), le parece insufrible al actual gobernador”.

Otra vez, el tiempo confirmó mi hipótesis.

Ignoro con qué bases se fomenta una falacia que resulta indignante: la que sostiene que la remoción de Winckler y su eventual procesamiento como probable responsable de delitos esté asociada a su “determinación” de hacerle “justica” a Veracruz persiguiendo duartistas. Tras dos años y medio al frente de la FGE, lo cierto es que Winckler no obtuvo una sola sentencia condenatoria en contra de funcionarios del régimen de Javier Duarte; a algunos, como Ricardo García Guzmán, que fue ni más ni menos que el Contralor General en tiempos de Duarte, principal encubridor, en consecuencia, de los crímenes en contra de la administración pública en ese trágico sexenio, no se le tocó ni con el pétalo de una rosa, a cambio de que pusiera su -menguado- capital político en el norte del Estado, al servicio de los Yunes. Durante todo el yunato, la Fiscalía tuvo en bandeja de plata a TODO el gabinete duartista por su participación en el saqueo del IPE; sin embargo, la inacción en la carpeta de investigación conformada a partir de la denuncia que presentaron jubilados y pensionados, tuvo que ser lleva a tribunales para que un Juez determinara que la pachorra de la Fiscalía para actuar CONTRA DUARTISTAS ameritaba OTRAS carpetas de investigación…contra los investigadores.

Duarte no está en la cárcel por delitos fincados por la Fiscalía del Estado (sino por la General de la República). Y los pocos funcionarios del régimen de Duarte que están siendo procesados y han alcanzado su libertad, la han obtenido por determinación de jueces federales ante la falta de pulcritud de la Fiscalía General del Estado y la complicidad con el Poder Judicial local.

Sobre esto último: Winckler sabía (o debió saber) que imponer “prisiones preventivas” a gusto de su jefe Yunes, era insostenible. Sabía (o debió saber) que no pasarían el filtro del Poder Judicial Federal. Sabía (o debió saber) que permitir que el gobernador usurpara -para obtener gananciales políticos- funciones de un ente autónomo, traería consecuencias.

Pero los apologistas del exfiscal prefieren la versión ramplona que dicta que lo echaron para hacer favores a Duarte. Quizás sí, pero para terminar de desmantelar los resortes de la aristrocracia yunista que quería seguir apoderada de la procuración de Justicia. Pero aún en ese caso, Winckler solito puso su cabeza en la guillotina al no prever que la impunidad de la que gozaban los adeptos del clan del Estero llegaba a su fin.

No es posible presentar a Winckler como “víctima”; pero si lo fuera, sería víctima de un patrón que lo dejó a su suerte; que lo hizo el paradigma de la abyección y las consecuencias de esta. Víctima -al final del día- de sí mismo.

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