Dinastía Moreira: hermanos de sangre y corrupción - ONEA

ONEA México. 06 de junio de 2019. A los hermanos Rubén y Humberto los envuelve una historia de terror: asesinatos, corrupción, poder, odio, crimen organizado, lavado de dinero, en fin, una novela típica mexicana.

Todo empezó con Humberto Moreira iniciando su vida profesional como docente. Rápidamente llegó a ser secretario de Educación de Coahuila, presidente municipal de Saltillo y de ahí escaló hasta la gubernatura de la entidad.

En 2011 se hizo dirigente nacional del partido que siempre lo cobijó y defendió: el PRI.

No obstante, mientras fungía como máximo líder del tricolor, la SHCP hizo pública la deuda de Coahuila, que se había disparado de 323 millones de pesos en 2005 a más 36 mil millones de pesos luego de que él dejara el cargo en 2011, por lo que tuvo que renunciar.

A pesar del historial que se estaba formando, los coahuilenses le dieron el voto a su hermano Rubén para que lo sustituyera como nuevo gobernador de la entidad.

De los otros hermanos se sabe que Carlos Ariel dominó por años al magisterio y que Álvaro se desempeñó como secretario de organización del PRI en el estado.

En octubre de 2012 asesinaron a uno de los hijos de Humberto, José Eduardo, quien, según su padre, fue en venganza por parte del cártel de Los Zetas, ya que un sobrino del Z-42, líder del grupo delincuencial, había sido abatido por la Policía Estatal.

En 2013, Forbes lo incluyó en su lista de los 10 personajes más corruptos de México.

En ese mismo año decidió trasladarse a Barcelona, mientras los medios nacionales lo acusaban de llevar una vida lujosa y excesiva en mansiones con piscinas y autos millonarios.

En mayo del 2016, el periódico Reforma publicó una nota en la que afirmaba que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo habría investigado y a parte de su familia, y que tanto su esposa Vanessa Guerrero Martínez, así como sus hermanos Rubén e Iván y el esposo de su hermana Elisa estarían involucrados en una gran red de lavado de dinero en la que manejaban, cada uno, cuentas de millones de dólares en paraísos fiscales como Mónaco e Islas Caymán.

Humberto Moreira salió a defenderse negando las acusaciones y amenazando tanto al medio informativo, como al que en ese momento era el candidato panista por la gubernatura de Coahuila, Guillermo Anaya.

Luego lo detuvieron en Madrid acusado de organización criminal, blanqueo de capitales, malversación de caudales públicos y cohecho, pero solo un mes después fue puesto en libertad por falta de pruebas.

También ha sido señalado por supuestos vínculos con la organización criminal Los Zetas, y por presuntamente utilizar las arcas de Coahuila como caja chica para financiar campañas políticas del PRI, y en específico la del expresidente Enrique Peña Nieto en 2012.

El periodista mexicano Sergio Aguayo, y quien le ganara una demanda al exfuncionario, alguna vez dijo que Moreira “es un político que desprende el hedor corrupto; que en el mejor de los escenarios fue omiso ante terribles violaciones a los derechos humanos cometidos en Coahuila, y que, finalmente, es un abanderado de la renombrada impunidad mexicana”.

Por otro lado, Rubén Moreira, siendo diputado federal y dirigente estatal del PRI, se convirtió también en gobernador de Coahuila al terminar el sexenio de su hermano, entre 2011 y 2017. Naturalmente, su postulación como candidato se resolvió de manera expresa.

Sin embargo, fue duramente criticado por no investigar la deuda pública que había dejado su hermano, y, por ende, no aplicarle ninguna sanción, y más bien exonerarlo de cualquier responsabilidad.

Luego de su atroz mandato, tuvo varios cargos internos dentro de su partido hasta llegar a ser el secretario nacional, lo que calificó el PAN como un pago de favores luego de desviar dinero del erario para campañas del partido, según afirmara el panista Bernardo González.

A Coahuila no ha llegado el cambio, las arcas no han podido regenerarse, pero los coahuilenses tienen la última palabra para decidir si le abren las puertas a Álvaro Moreira, quien, dicen, podría contender para gobernador en el 2023.

La historia de los Moreira es un ejemplo claro de la corrupción e impunidad que han imperado en México, pero tarde o temprano deberán rendir cuentas a la ciudadanía.

 

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