Un alto a la corrupción de Lozoya - ONEA

ONEA México. 05 de junio de 2019. La corrupción sigue siendo el estigma que porta la presidencia de Enrique Peña Nieto. No sólo llevó a cabo malas prácticas, sino que cobijó las de su gabinete. Mientras más se indaga en las operaciones de sus Secretarios de Estado, más irregularidades se pueden encontrar. Así sucedió recientemente con Emilio Lozoya Austin, quien fue titular de PEMEX entre 2012 y 2016, y que desde entonces comenzó a ser señalado por sus malos manejos.

Se trata de uno más entre el grupo de economistas neoliberales afines al priísmo, hijo del Secretario de Energía salinista y quien era presentado como un joven talento movido por ayudar al país. Luego de su paso por el Foro Económico Mundial, Lozoya se integró a la campaña de Peña como coordinador de vinculación internacional, abriéndose filas para ser parte del gabinete. Finalmente, fue recompensado como director de la petrolera paraestatal, donde no haría más que encaminarla a su crisis actual.

Tiempo después, sabríamos que su rápido ascenso no era cosa fortuita, sino que se debía a otros intereses. El escándalo del caso Odebrecht salpicó a políticos de todos los países, incluyendo al nuestro. Y en este caso, el implicado fue directamente Emilio Lozoya. Los testimonios del consorcio brasileño lo señalaron por haber recibido un soborno de 10 millones de dólares para la campaña presidencial de Peña, lo que les aseguraría la construcción del complejo petroquímico Etileno XXI. Además de esto, recibió pagos de la empresa triangulados minuciosamente, que le sirvieron para adquirir una residencia por 38 millones de pesos.

Como parte de sus funciones a la cabeza de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE), Santiago Nieto indagó en las acusaciones de las que era parte Lozoya, que a su vez implicaban un posible fraude electoral en la victoria de EPN, en 2012. Esto le costó recibir amenazas del entonces titular de PEMEX y ser removido del cargo de Fiscal Electoral. Para el gobierno de Peña era mejor callar un funcionario íntegro que hacer justicia. Claramente sabían que, de salir la verdad a la luz, las tramas de corrupción en las que habían participado podían terminar por destruirlos.

Tuvimos que esperar hasta este año para que verdaderamente se atacara la corrupción de Lozoya. Como parte de las acciones para salvar a PEMEX del desastre que nos dejaron, se indagó en un fraude que nos costó millones del erario público: la compra con sobreprecio de una planta de petroquímicos a la empresa Altos Hornos, la cual llevaba años abandonada y hasta ahora no se ha podido operar. Esto fue suficiente para que Santiago Nieto, ahora titular de la Unidad de Inteligencia Financiera tomara cartas en el asunto.

Tras inhabilitar las cuentas del director de Altos Hornos y detenerlo por posible colusión, la justicia mexicana giró una orden de aprehensión contra Emilio Lozoya, quien ahora se encuentra prófugo, resistiéndose a pagar por los delitos que cometió. Es cuestión de tiempo para que se castigue a uno de los funcionarios más privilegiados del sexenio anterior, quien a costa de los recursos públicos se dio una vida de lujos y excesos, al mero estilo del corrupto mexicano.

Aunque se estén tomando acciones en su contra, todavía falta mucho para que pague por el daño que le hizo al Estado. Desde haber beneficiado a OHL luego de formar parte de su Consejo, haber impulsado una reforma energética que sólo se ha traducido en pérdidas, endeudar a Petróleos de México hasta cifras históricas, entre muchas cosas más que terminarán por revelarse de seguir investigando. La lucha contra la corrupción requiere hacerlo, y continuar con aquellos funcionarios que fueron intocables pese a ser señalados de corrupción.

 

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