#Columna: La deshumanización en 280 caracteres ¿Son las redes sociales o somos nosotros? - ONEA

Por Iván Gidi


El problema no son las redes, el problema somos nosotros. Nunca antes había sido tan fácil descubrir lo que la gente realmente piensa. La tecnología ha hecho posible visibilizar nuestras creencias y nuestras conversaciones.

El internet y, particularmente, las redes sociales son al mismo tiempo una importante herramienta para practicar nuestra democracia, tener acceso a la información y ejercitar nuestra libertad de expresión que un vehículo para potenciar lo peor de nosotros. Es más sencillo cometer excesos en el mundo digital que en el real. La posibilidad de romper las reglas elementales de cortesía que, unos mejor que otros, practicamos cuando interactuamos en persona y salir impunes solo alimenta el circulo vicioso. Sin embargo, este tipo de conductas pueden dejar una profunda huella en las personas, sobre todo cuando el diálogo se torna irreflexivo, se reproducen estereotipos y prejuicios y se promueve un discurso de odio.

El asunto es delicado, el discurso de odio y los linchamientos cibernéticos que normalmente provienen desde la seguridad del anonimato pueden afectar la dignidad personal, generar estados de ánimo depresivos e incluso el suicidio.

Sin afán de justificar, es hasta cierto punto comprensible que antes de encontrar el equilibrio vayamos de un extremo a otro. Me explico: pasamos de no ser escuchados a tener una voz potente en un plano de igualdad con los poderosos; las redes nivelaron el juego y no es poco común que ejercitemos esa nueva libertad en exceso y hasta de manera vengativa, en una especie de ajuste de cuentas.

Además del discurso de odio están los juicios sumarios que promueven las buenas conciencias para combatir o evidenciar una injusticia. El problema es que la injusticia se combate con otra injusticia, porque los juicios sumarios no admiten defensa ni deliberación y las sentencias son inmediatas y, a menudo, equivocadas.

Para moderar nuestra conducta siempre es bueno hacerse esta pregunta: me atrevería a decir esto de frente y a nombre propio? Creo que conocemos la respuesta.

Qué podemos hacer para mejorar el entorno digital, que finalmente es un espejo de nuestra sociedad. En lo personal me inclino por la auto reflexión y la auto regulación. Hay quienes piensan

que es obligación de las empresas proveedoras de los servicios digitales y quienes creen que es el gobierno quien debe poner límites a la liberta de expresión. Tanto el Estado como las empresas referidas tienen disposiciones con alcances limitados, el verdadero poder transformador está en el usuario.

Oponernos a las voces extremas y rehusarnos a participar del discurso de odio que promueve violencia y discriminación es la ruta para configurar una sociedad más tolerante y un ambiente digital seguro y productivo, que de ningún modo implica renunciar al activismo y a la crítica, tan necesarios en una sociedad democrática.

Recurrir al viejo truco de respirar y contar hasta diez, intentar reflexionar e informarse bien, renunciar a la descalificación inmediata, procurar ser moderados y empáticos, no propagar discursos de odio ni sumarse a linchamientos, recordar, finalmente, que lo que nos hace humanos es precisamente como nos tratamos unos a otros.

El autor es director de la Organización Nacional Anticorrupción

@ivangidi @oneamexico

ivangidi@gmail.com

 

Síguenos y comparte:
Follow by Email
Facebook
Facebook