#Columna: Fifís y Chachalacas - ONEA

Por Martha Zamarripa


Antes de las elecciones del 2000, Andrés Manuel me confió que aún no decidía si participaría en la contienda de Jefe de Gobierno de la Ciudad de México o si se presentaba nuevamente a la de su natal Tabasco. Años atrás en noviembre de 1994, Roberto Madrazo había hecho fraude y las pruebas se las harían llegar de forma anónima.

Íbamos camino al Aeropuerto Mariano Escobedo de Monterrey, para que tomara su vuelo de regreso a la capital del país. Como otras veces Rocío Beltrán su primera esposa (ella murió en enero de 2003) surgió en la conversación. A Rocío le parecía arriesgado que contendiera de nuevo por Tabasco. «Piensa que sería muy duro para mi sí hay otro fraude». Más que preguntarle le dije: Irás por la Jefatura de Gobierno. Me lo confirmó con un “pero no lo digas todavía”. No lo hice. Cuidaba mis fuentes.

No me sorprendió cuando se confirmaría su candidatura por la Jefatura de Gobierno, misma que por estrecho margen, gana. En aquellos años el todavía Distrito Federal tampoco congeniaba con el PAN pero a Santiago Creel lo levantaba el «efecto Fox». Aún así la ciudad se identificaba con la izquierda y Andrés Manuel consigue con esa candidatura de mayor peso político, una victoria más valiosa que la gubernatura que le arrebataron en Tabasco seis años atrás.

López Obrador siempre ha sido un político competitivo y trabajador. Lo demostró al ganarle a Heberto Castillo la Presidencia del PRD, llevando a ese partido a ser segunda fuerza en la Cámara de Diputados, y en el año 2000, al obtener el cargo más relevante después de la Presidencia de la República.

El mapa político se había reconfigurado. El PAN gobernaba al país en la Presidencia y la izquierda al Distrito Federal. El PRI había quedado relegado. Estaba fuera de las dos posiciones de mayor poder.

Por esos años de mis viajes a la Ciudad de México buscando primicias, platicábamos de política en Jefatura. Esa mañana me contó que había hecho un cambio en su estrategia en relación a Vicente Fox. Me mostró entonces las encuestas y en tono optimista me explicó que cuando lo criticaba, él bajaba. Pero cuando dejó de hacerlo, de inmediato subía.

Andrés no mencionó que detrás de ese cambio estuvo Rocío. Lo sabría después por el libro del desaparecido periodista Jaime Avilés. En «AMLO: vida privada de un hombre público» Avilés cuenta la otra parte de la historia que yo desconocía. Lo escribe así:

«Si vuelves a criticar a Fox, así como me ves, papi, te juro que me voy de la casa”, le advirtió una noche Rocío Beltrán Medina a Andrés Manuel López Obrador.Narra:«él se aterró de ver que la madre de sus tres hijos hablaba en serio,y desde que dejó de atacar al presidente panista,su popularidad se disparó».

Rocío lo había visto con toda claridad. Discreta, prefería permanecer tras bambalinas. Pero su respaldo fue clave en momentos decisivos de su complicada y azarosa carrera política.

Resulta paradójico que siendo Andrés Manuel un «animal político» y habiendo encontrado la manera de imponer agenda desde los años esenciales de su Jefatura, se tropiece con la misma piedra como Presidente de la República.

Si siendo Jefe de Gobierno se le revirtieron sus críticas al mandatario Fox (con aquél «Cállate Chachalaca») ahora a él, como Presidente, le afectan las que lanza a diario a sus nuevos adversarios: La prensa, el sector fifí, los conservadores, la hipocresía, su derecho de réplica – porque es un ciudadano y tiene los mismos derechos, dice. Y si encima se «atrevió» a pedir en muy buen tono, que la prensa «revele sus fuentes» en aras de la transparencia, pero que-si-no-quieren-no-pasa-nada-, hay que hacer algo pronto.

Andrés Manuel debería recordar aquel episodio de la Jefatura y de cómo sus ataques a Fox – sin darse cuenta – le estorbaron y lo alejaron de sus objetivos. Situación que revierte con un pequeño pero significativo cambio.

Necesita hacer eso ahora. El Presidente no califica, ni se ocupa de sus adversarios. No más prensa fifí, no más conservadores. No más adjetivos. Si lo calumnian que desmienta el gobierno. El Presidente gobierna para todos aunque sean hipócritas. Nada de «derechos de réplica» ni de “también soy un ciudadano”. No ahora. Durante seis años es el Presidente de la República y tiene que atenerse a las reglas no escritas de la investidura presidencial.

Pasaron dieciocho años de cuando abandonó la crítica desde un cargo de gobierno y doce invertidos en tres campañas presidenciales. Reflexionar en ello y cambiar como entonces su estrategia, es mucho lo que habría de redituarle. Y que no diga que no puede. Me canso ganso a que sí.

 

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