#Columna de Iván Gidi: Cuitláhuac, la ruta por la democracia en Veracruz - ONEA

Desde la sociedad civil, debemos ser cuidadosos para no caer en la crítica fácil, o esto significará ponernos del lado de quienes nos dejaron en la situación de inestabilidad que vivimos en Veracruz


Iván Gidi Blanchet

El mandatario veracruzano, en apenas dos meses y medio de gobierno, ha recibido un sinnúmero de ataques de parte de sus detractores. Las críticas a su persona y al oficio que ejerce le han llovido por los más variopintos motivos. La sociedad veracruzana, a mi consideración, se acostumbró al mal gobierno; nos quedamos asustados del abuso de poder. Es por esto que la reacción mediática y social a muchas acciones del gobierno ha sido intensa, por decir lo menos. Al ingeniero Cuitláhuac García y a los miembros del gabinete que encabeza se les ha tachado de falta de eficacia en la acción de gobernar. Actores políticos que antes callaban o incluso respaldaban al gobierno en turno, han encontrado en la situación actual el escaparate a todas sus fobias.

Sin embargo, dicha visión de las cosas se encuentra sesgada y no es del todo objetiva. Recordemos que para saber hacia dónde vamos, primero hay que conocer de dónde venimos.  El Gobernador fue electo como una reacción ciudadana a la carencia de resultados en el fugaz pero desastroso bienio de Miguel Ángel Yunes, en el que la inseguridad no dejó de crecer, las finanzas públicas no pudieron recuperarse, y la clase política no se transformó. El cambio prometido terminó por ser la continuidad, en la que solo cambió el “rojo adelante” por el “azul contigo”. Las prácticas de nepotismo, influyentismo, discrecionalidad y prepotencia continuaron, sin que esto significara una respuesta efectiva a las necesidades del pueblo de Veracruz. Hay motivos de sobra para pensar que esos dos años de gobierno pretendían allanarle el terreno a un sucesor que, casi dinásticamente, pudiera gobernar a su antojo al Estado que le heredaría su padre. Para nuestra fortuna, y la de la democracia, esto no fue así. Ya teniendo claro el desenlace del proceso electoral, la recta final del gobierno yunista se enfocó más por cubrirse las espaldas que por continuar trabajando para Veracruz, lo que a inicios de este gobierno ha tenido consecuencias.

La naturaleza del gobierno duartista ya todos la conocemos. Fue un periodo de total impunidad, en el que el gobernador comandó los recursos del Estado para sus fines particulares, aplicó la ley a modo, y alineó al poder Legislativo y al Judicial, de manera que todos sus deseos le pudieran ser concedidos. La inseguridad se reconocía cuando Javier Duarte lo quería así, y cuando no, con una orden se movían sus operadores para silenciar a los medios. La pobreza, simplemente no existía a sus ojos, y los recursos para combatirla funcionaban como su caja chica. El gobierno fue para su administración un mero pretexto para mantener la vida de abundancia que tanto disfrutaron.

Siendo así, sería iluso de nuestra parte esperar la solución a ocho años de omisiones y malos manejos en un par de meses. Estamos presenciando una etapa temprana del gobierno, puesto que no hay todavía un Plan Estatal de Desarrollo, y por tanto no tenemos parámetros para evaluar las acciones que se llevan a cabo. Desde la sociedad civil, debemos ser cuidadosos para no caer en la crítica fácil, o esto significará ponernos del lado de quienes nos dejaron en la situación de inestabilidad que vivimos en Veracruz. Es nuestra responsabilidad evitar caer en el golpismo, y por el contrario ser propositivos ante las problemáticas que se nos presenten.

Si descalificamos ciegamente todo lo proveniente del gobierno, solo vamos a contribuir a que impere la ingobernabilidad, objetivo de quienes ahora componen la oposición. Que el titular del Ejecutivo no tenga injerencia en la toma de decisiones del poder Legislativo, incluso dentro de la bancada de su partido, más que una señal de un gobierno débil, podemos verla como una oportunidad para que el Congreso de Veracruz llegue a ser lo que debería representar: un órgano de deliberación en el que, de manera libre, se puedan contrastar distintos puntos de vista para generar acuerdos. De ser así, hará falta un marcaje a nuestros representantes, para procurar su apego a la ciudadanía y evitar su colusión por grupos de interés. De igual forma, el fallido juicio político contra el Fiscal de Estado debe verse como el punto de partida para una relación de cooperación dentro de los límites de la autonomía.

Tenemos varios problemas actualmente, de urgente atención, aunque eso debería obligarnos a unir frentes para solucionarlos, no todo lo contrario. Las  expectativas se mantienen altas, pero no por ello tendremos que despegar los pies de la tierra. En las circunstancias actuales vale la pena ser congruentes y prudentes, por la democracia de Veracruz.

 

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