Congreso de la Unión, plagado de “chapulines” - ONEA

ONEA México / Yered Figueroa Oliva / Xalapa, Veracruz. 05 de noviembre de 2018. Manuel Velasco Coello, el gobernador más joven del país y uno entre los preferidos de la presidencia, anunció de último momento su inclusión a la cabeza de la lista plurinominal del Verde al Senado.

Desde el inicio de su gobierno fue continuamente criticado, tanto por su vida personal llena de lujos como por su gestión ineficiente. La atención a los grandes eventos y un alto gasto en publicidad oficial contrastan tajantemente con la alta marginación de su entidad, pero con un panorama de aplastante mayoría en las cámaras a favor de Morena y la amplia aceptación del gobierno federal entrante, quedaría indefenso si salía del ejercicio público como uno más de la infame generación saliente de gobernadores. Fue así que, valiéndose de sus influencias y conexiones, optó por el fuero y la negociación interna, como Senador. Pero quiso seguir de Gobernador. Y luego regresó al Senado.

Caso similar y casi simultáneo fue el de Miguel Ángel Mancera. El exjefe de gobierno se mantuvo en funciones lo más que pudo, cuidando meticulosamente los llamados “tiempos políticos”, la sincronía que le permitió ser candidato por la lista plurinominal del PAN y luego electo en la bancada del PRD dentro de su período oficial de funciones como titular del ejecutivo capitalino (hasta el 5 de diciembre de este año). Ambos tuvieron que pasar por el tribunal para lograrlo, pero con lo que cualquiera sospecharía de ser un trato preferencial, tuvieron una resolución inmediata y positiva.

Claro, un mayor descaro fue el del chiapaneco, pues mandó a arreglar a modo su constitución estatal para volver como su propio suplente de gobernador. Ese es el “chapulineo” que ha sido tan popular entre los exgobernadores.

De hecho, la LXIV legislatura es la prueba fehaciente de dicha práctica. Tenemos como muestra a otros exgobernadores, ahora convertidos también en coordinadores de bancada en el Senado: Ricardo Monreal Ávila, Miguel Ángel Osorio Chong y Dante Delgado Rannauro. Pero ellos no son los únicos exgobernadores en el Senado, pues los acompañan Beatriz Paredes, Rafael Moreno Valle, Eruviel Ávila y José Antonio Álvarez.

Dentro de la cámara de diputados nos podemos encontrar también con Juan Carlos Romero Hicks, Ismael Hernández Deras, René Juárez Cisneros, Ernesto Ruffo y Marco Antonio Adame. Si bien algunos ostentaron el cargo del Ejecutivo Estatal antes que otros, comparten entre sí una condición: haber sido gobernadores les confirió una posición de privilegio, sin importar que gobernar y legislar sean funciones distintas. Y claro, sin importar los resultados de sus gobiernos.

En la política, donde todo se trata de posicionar al partido, esto puede suceder por el “capital político” con el que se mantienen estas figuras luego de terminar su mandato en el gobierno, es decir, por contar con más militantes y simpatizantes que les sean leales.

Dado que el término chapulineo tiene un carácter informal, debido a no estar presente dentro de algún documento oficial o normativo, ha sido empleado en una multitud de formas distintas, aunque todas se refieren en síntesis a “saltar” de una posición política a otra. Se emplea cuando los legisladores cambian de una bancada a otra, por ejemplo. También es utilizado para referirse a un político que cambia de partido para presentarse a una elección. Si un funcionario, generalmente de alto nivel, es transferido a otro puesto, podemos decir que lo chapulinearon. Y claro, es chapulineo contar con un cargo de elección popular para después competir por otro.  Para fines de este texto, nos centraremos en la última acepción enunciada, pues genera uno de los vicios de la política mexicana más recurrentes: utilizar una posición de trampolín, y no para cumplir con los objetivos de ésta. Se puede apreciar, además, presentándose en temporalidades distintas: de manera inmediata, si el funcionario se retira del cargo antes de concluir el mandato oficial; de manera consecutiva, al asumir el nuevo compromiso luego concluir con el cargo anterior; y de manera posterior, siendo el cargo público la referencia laboral más reciente, pero habiendo pasado años de concluir.

Apreciar este fenómeno por completo sería una tarea titánica, puesto que cientos de alcaldes, diputados locales y funcionarios de alto nivel lo hacen cada año. Inconvenientes de no tener un sistema meritocrático y un sólido servicio civil de carrera. Pero no han sido pocos los exgobernadores cuyo destino luego de su mandato sigue siendo la administración pública. Hay ejemplos claros, como el del Presidente en funciones, Enrique Peña Nieto, quien se desempeñó como Gobernador del Estado de México hasta el año 2011, para ser candidato presidencial el año siguiente y resultar triunfador. En general, podríamos clasificar el destino de los exgobernadores que se mantienen dentro de la administración pública en cuatro grupos. A continuación, tomando en cuenta tan solo a los gobernadores que iniciaron funciones posterior al año 2000, mostramos hacia dónde saltaron para no alejarse de la política:

Exgobernadores posteriores al año 2000 con un puesto en la administración pública luego de concluir su mand… by ONEA México on Scribd

 

Como podemos ver, el destino de los exgobernadores es variado. No podemos negar que varios de ellos deciden retirarse de la vida pública al concluir su mandato, y otros más se ven imposibilitados debido a acusaciones ante la ley. No obstante, quienes tienen las posibilidades legales pueden servir directamente a la estructura de su partido, colaborar con otro gobierno o competir por un cargo de elección popular. Lo que se busca resaltar con esto es que, la permanencia de liderazgos dentro del servicio público imposibilita la apertura de espacios de participación, a la vez que permite la captura de estos por cúpulas.

 

 

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