Karime Macías: La abundancia en un estado vulnerable. - ONEA

ONEA MÉXICO / Yered Figueroa Oliva

 

 

 

La cuna de oro, el privilegio, marcó la distancia ante su sociedad. Nacía en Coatzacoalcos, Veracruz, Karime Macías Tubilla. Una pequeña ciudad industrial del sur, donde su familia, de origen libanés, pudo tener cabida para iniciar con sus negocios. Hasta entonces era insospechado que, pasadas algunas décadas, esa ciudad prácticamente les pertenecería. Su padre, Antonio Macías, fue un empresario ganadero con éxito moderado, lejos de llegar a ser de la élite de Coatza. Su madre, además, contaba con un negocio fotográfico de gran renombre en la región, llamado “Fotoluz”, como herencia de sus padres. Ambos contaron con recursos suficientes para brindarle a sus hijas una vida cómoda e incluso de lujos. Dicho estatus ya contrastaba con la realidad de la mayoría porteña, pero con el paso del tiempo las diferencias sólo se agravarían.

 

Toda declaración sobre su juventud la refiere como una estudiante ejemplar. Disciplinada, comprometida, incluso brillante. Con una cultura de la lectura sembrada desde su infancia, Karime pudo mantener esta afición durante de sus estudios. Debido a ello, se destacó dentro de su etapa universitaria mientras cursaba la licenciatura en Derecho, dentro de la Universidad Iberoamericana del entonces Distrito Federal. Particularmente, sería este periodo temporal el que la encaminaría a ser la figura que hoy conocemos. Fue en ese entonces que conoció a Javier Duarte de Ochoa, compañero de generación y el único veracruzano aparte de ella, lo que les hizo compaginar en un inicio. Luego, sería Moisés Mansur, futuro socio criminal de la pareja, quien les ayudaría a entablar una relación.

 

 

Terminaron la carrera, y unos años después contraerían matrimonio. Era el año 2003, y para entonces parecían ya tener claro el que sería su futuro. Javier llevaba algunos años asistiendo en distintas tareas al entonces senador Fidel Herrera Beltrán, mientras que Karime se dedicaba su tiempo a sí misma y a apoyar la carrera de su pareja. Fue para ellos el mejor momento para casarse, pues el evento tendría un gran significado político. El oficio se llevó a cabo en el Museo del Transporte de Xalapa, y la pareja contaría como padrinos con el mismo gobernador veracruzano de aquel entonces, Miguel Alemán Velasco, junto con su futuro sucesor, Fidel, y el exsecretario nacional del PRI, Pedro Joaquín Coldwell. Un evento de tal envergadura serviría para estrechar los lazos políticos entre las dos familias. A partir del sexenio siguiente, Antonio Macías sería el contratista favorito del “padre adoptivo” de su ahora yerno. Durante la administración fidelista, se le concesionó el parque industrial Puerto México, en Coatzacoalcos, además de financiarle una planta agroindustrial. Esto llevó rápidamente a la familia Macías Tubilla a formar parte de la élite empresarial veracruzana.

 

Luego de estar alejada de la vida pública durante casi siete años, en los que se dedicó a estudiar una maestría y a cuidar a su hijo mayor y a la siguiente, su hija, comenzó a tener amplia presencia en los medios de comunicación para apoyar la campaña a la gubernatura de Javier Duarte. Volcó sus esfuerzos a establecer un discurso profamilia para ganarse la confianza de la ciudadanía, el cual mantendría en los siguientes años, pues tras tomar protesta como gobernador su esposo, ella pasó a presidir el Patronato del DIF estatal. Su labor ante la opinión pública se restringió a representar al gobierno estatal en actos oficiales, así como acompañamiento del gobernador y a través de columnas de opinión donde daba cuenta de las posturas de la administración ante distintos hechos relevantes, aunque todo alejado a la polémica. Con presencia cada vez más esporádica en los reflectores, corrían rumores de una separación o de una candidatura a la diputación o alcaldía por Coatzacoalcos. Al no concretarse ninguna de estas opciones, justificó su ausencia al estar concluyendo sus estudios de posgrado. Y los medios oficialistas la adoraban en coro.

 

 

Para titularse de su doctorado en Economía por la Universidad Complutense de Madrid, realizó la tesis de nombre “Estado mexicano y su combate a la vulnerabilidad social del tipo familiar: un análisis de eficiencia del sistema nacional para el desarrollo integral de la familia”. Para ello, analizó de manera conceptual a la vulnerabilidad social y su estrecha relación con la pobreza, insertadas en una época de cambios tras la sustitución del modelo de Estado Benefactor por un Estado de Libre Mercado. Dentro del periodo analizado centra su atención en la evolución del SNDIF, tanto en infraestructura y programas como en presupuesto y resultados. Más allá de presentar un estado del arte sobre el tema, las conclusiones a las que llega parecen esbozar su visión de gobierno ideal, la obra que hasta ahora ha dejado inconclusa. De su estudio se rescata una premisa, difícil de refutar: la pobreza no se termina asistiendo, sino con crecimiento económico. O le gustaba retar su propia lógica, o ignoró durante al menos cuatro años lo que se hacía con gran parte del presupuesto del DIF estatal, del que dirigía su patronato.

 

También es de destacar su postura sobre el modelo del Sistema Nacional DIF, pues sugiere la descentralización del presupuesto para programas de asistencia social y las compras gubernamentales, por razones que al día de hoy nos pueden resultar desde irónicas hasta cínicas. En primer lugar, porque señala un menor riesgo a caer en prácticas de corrupción si el control de los programas corría a cuenta de las entidades, incluso aceptando la posibilidad de que salgan élites beneficiadas de esto. Tenía claro lo que ella y su esposo estaban haciéndole a Veracruz, y querían más. Supuestamente, en cuanto a las compras habría una selección más eficiente. Esto tiene sentido si con eficiencia se refiere a contratar empresas fantasma como proveedores, y no pagarle a las empresas de verdad. Con estas medidas habría como resultado una mayor gobernabilidad,  es decir, una cooperación más estrecha entre gobierno y sociedad. Cuánta falta nos hizo en su sexenio.

 

 

Para haberse especializado tanto que le dedicó su tesis doctoral al combate a la vulnerabilidad social, su gestión dejó mucho que desear. Tan solo en la pobreza, tal vez el indicador más claro de vulnerabilidad, hubo un aumento bastante significativo: se pasó del 57.6% de la población veracruzana con esta situación en el año 2010, al 62.2%. Durante el sexenio duartista, con Karime Macías como líder moral del DIF, hubo aproximadamente 569,500 nuevos pobres en Veracruz. Esta cruda realidad coincide con los malos manejos de la dependencia estatal. Se ha documentado el desvío de $415,078,432 a través de contratos con al menos 33 empresas fachada, eso bajo las órdenes de la presidenta honoraria, la primera dama. Total, pensaba que la pobreza no se erradicaba ayudando, sino creando riqueza (para ella).

 

Desde la campaña de su esposo, su labor se basó en brindarle confianza a la ciudadanía al proyectar una imagen de solidez familiar. Sonriente y siempre presente en los eventos, sirvió como contrapeso a aquellas ocasiones en las que Duarte públicamente perdía el control. Tuvo un estilo relajado, pues si bien se le veía con prendas de diseñador y joyería, en eventos informales no solía ser nada ostentoso. Frente las cámaras era de lo más cercana con la ciudadanía, sabiendo claramente lo provechoso que esto le resultaba. Ya en lo privado las cosas eran distintas, pues su personaje se transformaba. La actitud de realeza salía a relucir, al tratar con total desapego a quienes trabajaban para ella. Abusaba de la situación laboral de los trabajadores del Estado para satisfacer sus necesidades personales, como transporte y recreación. Disponía de los recursos económicos del gobierno para ir a sus boutiques y salones de belleza preferidos. Pasados los eventos, para ella dejaban de existir los veracruzanos.

 

Su postura ante el cargo de primera dama también se vio reflejada en la nómina del Gobierno del Estado. Como si se tratase de un negocio familiar, acomodó a sus primas, su hermana y cuñado en puestos públicos de alta jerarquía. Además, hizo lo mismo con sus amistades, llenando junto al entonces gobernador a la administración pública de personal poco calificado para realizar sus funciones de ley, aunque bien calificadas para hacer los encargos de sus jefes, la pareja gubernamental. Pero el negocio que formaban no se limitó a las restricciones del presupuesto público, sino que lo ampliaron al formar un imperio inmobiliario internacional, todo traspasando el margen legal. Se adquirieron alrededor de 90 propiedades en México y el extranjero, presuntamente con cargo al erario de Veracruz. Sus colaboradores y allegados fungieron como prestanombres para adquirir los inmuebles, varios de ellos por encargo de Karime. Además, para facilitar la disponibilidad de los recursos, estos se triangularon mediante adjudicaciones directas a empresas fantasma. Veracruzanos en necesidad se privaron de medicinas, mejores escuelas, infraestructura o apoyos económicos, a costa de que Karime Macías y Javier Duarte vieran su fortuna multiplicada.

 

 

Aunque ella se mantuvo prácticamente todo el sexenio alejada de controversias más allá de comunes desacuerdos con su esposo, cuando la inocencia de este comenzaba a tambalear luego de múltiples denuncias y protestas en su contra, la integridad de la exprimera dama se ponía en entredicho. Para Miguel Ángel Yunes, desde su candidatura y luego como gobernador electo, las averiguaciones no deberían pasar por alto a ninguna persona relacionada con su rival. Así, señaló a Karime y a sus padres de cómplices sin dudarlo. Conocía a Antonio Macías desde antes, cuando promovió su detención por defraudación fiscal en los años 90. No dudaría en señalar ahora a la hija de este.

 

En octubre del 2016, Duarte pidió licencia para retirarse de su cargo a, supuestamente, atender los pendientes legales en su contra. Y se dio a la fuga. Junto a él, Karime Macías y sus hijos lo habrían acompañado. Mientras tanto, el gobierno entrante ocuparía todos los recursos en sus manos para acelerar la detención, hallando varias de las propiedades de las que se había hecho el matrimonio y su “cartel inmobiliario”. Entre estas, se encontró un rancho a las afueras de Córdoba, con posesiones de la pareja, entre las que se encontraban libretas, presunta propiedad de quien fuera primera dama veracruzana, las cuales la relacionarían con los actos de corrupción vividos durante la administración estatal. La frase “sí merezco abundancia” nos mostró una faceta que muchos desconocíamos hasta entonces.

 

 

Estuvieron como prófugos de la justicia hasta abril del siguiente año, cuando se detuvo al exmandatario en un hotel en Guatemala. Pero, gracias a la inexistencia de una denuncia en su contra por parte de la PGR, Karime quedó libre. Meses después trascendió una fotografía en un aeropuerto, cuando iría con destino a Europa. Desapareció durante más de un año de la opinión pública, sin problema alguno gracias a la discreción que le caracterizó siempre. Su esposo siguió con su proceso penal durante casi año y medio, hasta el pasado 26 de septiembre cuando se declaró culpable ante un juez. Antes de que esto sucediera, a finales de mayo, se supo que Macías Tubilla estaba rehaciendo su vida al lado de sus hijos en Londres. Luego de haber solicitado asilo político, se ocupó en aprender idiomas y su cuidado personal, además de llevar y recoger de la escuela a sus vástagos. Su nuevo estilo de vida londinense le estaría costando millones de pesos cada mes, seguramente porque piensa merecerlo.

 

Actualmente, a pesar de haber sido señalada de ser la cabeza de toda la estructura criminal, así como por el extesorero estatal Tarek Abdalá de ser la responsable del pago a empresas fantasma, no ha podido ser detenida por una omisión a su persona por parte de la Secretaría de Hacienda federal. Queda por ver si en algún momento pagará sus abusos ante la justicia, o si será una beneficiaria más de la impunidad mexicana.

 

 

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