#ColumnaInvitada por Martha Zamarripa - ONEA

Contaré algo que nunca platiqué

 

Era 1995 o 1996. AMLO estaba en una portada de Proceso. Hizo una protesta vs Pemex en sus pozos petroleros. Yo tenía poco tiempo a cargo de una estación de noticias y de un espacio informativo de tres horas en Monterrey. ¿Quién este líder de Tabasco? A nivel nacional era un desconocido. Le llamé y le pregunté el por qué de la protesta. Me contó sobre el petróleo, la petroquímica, los negocios que hacían. Plática larga. Pensé que debería estar entre mis invitados a entrevistas nacionales. Decidí que el espacio informativo que tenía, estaría enfocado a los asuntos nacionales.

 

Andrés buscó la presidencia del PRD y siempre que iba a Monterrey, me avisaba y lo entrevistaba en radio, a veces en tele.

 

Desde aquellos años, no entendí su alianza con Jesus Ortega para ganar la presidencia del PRD. Le ofreció la secretaría. Eran, son opuestos. Años después, Ortega aprovecharía esa posición para adueñarse de ese partido. Junto a Zambrano lo hicieron chiquito, como los satélites de los que venía Ortega. La estocada se la dieron con el Pacto por México. La votación fue el principio del fin del PRD. En Oaxtepec fue un sepelio anticipado. Andrés siempre fue – es – un hombre de trabajo, de lucha. Sus banderas son genuinas. En 2006 era la misma búsqueda de justicia, de acortar la enorme brecha de la desigualdad, de querer un país incluyente. Pienso que el mayor fracaso de un gobierno es excluir a sus ciudadanos. Seis años después, su oferta de cambio es la misma que buscó en 2012.

 

Pero en aquellas dos elecciones no se entendió. Muchos amigos piensan, me dicen, muchos años antes de que ganara – y ahora-, “ Cómo apoyas a Andrés. Siempre lo has apoyado”. Pero, hasta el día siguiente de la elección, comprendí: ¿Apoyaba a Andrés, o sus banderas de lucha? Casualmente son las banderas que hizo suyas, las que son mías, al igual que de miles de mexicanos.

 

Concluyo que he apoyado mis propias convicciones. Que coinciden con las de Andrés, desde que nos conocimos, a partir de una larga plática telefónica de un sábado en la noche de Monterrey a Tabasco. No pienso que se trata de apoyar personas, sino proyectos. En 2018, parecería que hubo un “acumulado” de la elección 2006 (arrebatada por Calderón con ayuda de Fox) y de 2012, comprada mucho antes por Peña al estilo del PRI. Es como si aquellos que votaron en ambas elecciones por otros partidos, en 2018 comprendieran el por qué esa oferta era la que necesitaba con urgencia México, sí queríamos dejar de postergar un cambio indispensable para poder hacer funcionar a este país.

 

Me hace feliz que México diera ese paso. Que se incluya a los excluidos en la riqueza, en las oportunidades, en el desarrollo humano.

 

Confío, necesito confiar, en que sus detractores que siguen ahí, sin entender nada, no logren impedirle su objetivo.

 

No es Andrés, les digo ahora a los que lo detestan: es un proyecto de nación distinto – que lo que lo hace valioso- , es situar a todos los mexicanos al mismo nivel, con los mismos derechos. Con las mismas oportunidades. Con el bienestar de clase media alta, como ocurre en los países de primer mundo, para todos. También, con una decisión de combatir la corrupción y terminar la impunidad. Ése México que he querido desde la primera vez que voté, sin imaginar que con los años, el desastre acumulado nos haría cotidianas tantas crisis. Y nos embargaría la desesperanza.

 

Andrés no desistió. Sabía que ésa era la ruta. Necesitábamos diez puntos de diferencia para neutralizar cualquier asomo de fraude como los que tantas veces nos lastimaron. Pero esta vez los mexicanos no le regatearon el apoyo. Su voz se escuchó clara, fuerte, contundente. Fue una voz de 30 puntos de diferencia. Hablan de pocos, casi ningunos contrapesos. No arruinemos la fiesta del inicio de una democracia. Los contrapesos en este momento somos los ciudadanos, todos. Pero, hay que darle tiempo y no hostigar, cuando antes se toleró todo lo impensable.

 

Hoy, Andrés nos entrega una promesa de un cambio de régimen, de un proyecto que incluya a todos. Tendrá que sentar las bases de ese nuevo proyecto y después esperaríamos que otros vendrán a continuarlo. Nos entrega también una esperanza de un buen futuro. Démosle chance. A lo que se ha comprometido, no es poca cosa.

 

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